Niños de la calle. Un mundo desconsolado

FOTO: Antonio Ruiz

 

ANTONIO RUIZ, FOTOPERIODISTA

Vivimos tiempos oscuros, tiempos donde no se respetan ninguno de los tratados internacionales sobre derechos humanos. Ni tratados, ni convenciones, como la Convención de los Derechos del Niño.

España firmó este tratado, y sin embargo el sistema de protección de menores de la Ciudad Autónoma de Melilla hace aguas por todas sus esquinas.

Dicho sistema de protección ni es una referencia ni tiene credibilidad alguna entre los menores no acompañados que acceden a España a través de dicha ciudad. Por ello decenas de niños se ven abocados a vivir en las calles y están así expuestos a abusos, vejaciones o tramas delictivas. Son víctimas de una sociedad capitalista y racista que atenta contra ellos.

Niños que arriesgan sus vidas, haciendo lo que ellos denominan “risky”, es decir, intentar colarse de polizones en un barco que los lleve a la Península, poder ir al colegio, conseguir documentación para ir creando una vida y un sueño lleno de libertad, como cualquiera de nosotros.

Son niños que huyen del hambre, además de otras situaciones de vulnerabilidad. El Gobierno español tiene la obligación de garantizar su seguridad, su cuidado, su educación e integración, tal como establece la propia legislación española.

Sin embargo, un 95% de estos niños manifiestan que no quieren estar en los centros de menores de Melilla por la violencia que reciben. Si son expulsados a la frontera, como si de delincuentes se tratara, se exponen a diferentes tipos de torturas, palizas, aislamiento, intimidación y humillación.

Se proyecta, de esta forma, sobre la población la falsa idea de que estos niños son culpables de la inseguridad ciudadana, pero solo un 10% de los índices de criminalidad “pueden provenir de ellos.

La exposición de fotografías realizada sobre estos niños intenta dignificarlos, anular el lenguaje tóxico que se utiliza contra ellos y dar rostro a unos pequeños seres humanos con vidas muy duras. Niños que ríen, lloran, juegan y anhelan una vida plena y en libertad.

Las infancias nunca duran, pero todo el mundo se merece una.

La exposición se ha podido visitar en la Librería La Vorágine de Santander. ■

https://goo.gl/jvXOsQ

 

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