Los ‘papeles de Panamá’ y las cloacas del sistema

MARTA LUENGO

Son una parte necesaria del sistema, directamente responsable del aumento de la desigualdad. Son los llamados paraísos fiscales, que han vuelto a ponerse en el punto de mira gracias a la superfiltración de documentos llamada Papeles de Panamá, gestionada por el Consorcio de Periodistas de Investigación. Estos paraísos financieros contribuyen a drenar los cada vez menores recursos de la clase trabajadora, que debe soportar una creciente parte de la carga fiscal mientras las grandes fortunas y empresas defraudan la parte que les corresponde. Se trata de mecanismos que ha urdido el poder para no aplicarse las mismas leyes que aplica al común.

El concepto en español de paraíso fiscal viene de una mala traducción del inglés tax haven (refugio fiscal) que, no obstante, recoge la idea de que son países o territorios donde se esconde el dinero. Puede haber muchos motivos para esconder el dinero, para alejarlo de las leyes que rigen en distintos países. En primer lugar, estos mecanismos se utilizan para lavar el dinero procedente de crímenes como tráfico de armas, drogas y personas. La segunda función de estos refugios es recoger los fondos que provienen de la elusión y la evasión fiscal. Ambas consisten en evitar pagar impuestos, con la diferencia de que la primera es legal, se trata de utilizar los resquicios del sistema, eso que de manera insolente se ha llamado ingeniería fiscal.

Una tercera función de los paraísos fiscales de la que se habla poco es que permiten realizar determinadas operaciones financieras que no son posibles según algunas legislaciones. Países como China o Hong Kong, donde la desregulación ha tardado más en llegar, los han empleado para hacer titulizaciones y fabricar productos financieros derivados. Resulta evidente que los paraísos fiscales no son excepciones o fallos del sistema, sino parte fundamental, imprescindible para mantener los mercados en la sombra que mueven billones de dólares, enormes cantidades que proceden del crimen, el casino financiero y el fraude fiscal. La banca, salta a la vista, tiene un papel esencial: es el actor necesario sin el cual no hay juego.

La filtración de los Papeles de Panamá se ha anunciado como “la más grande” de la historia, equiparándose con WikiLeaks o LuxLeaks. Sin embargo, tanta campaña de publicidad resulta misteriosa y no aclara que la filtración es selectiva; es decir, los periodistas no acceden íntegramente a los documentos con listas de nombres, sino que han de buscarlos, por lo que se puede elegir a quién buscar y, lo que es más determinante, a quién no.

Hay que ser cauteloso en intentar no caer en la ira malencaminada que algunos medios pretenden desatar contra personajes públicos (como Almodóvar o Imanol Arias) que, si bien han podido cometer actos ilícitos, no se les puede tratar como a los representantes políticos que están en “la lista” ni como al resto de colaboradores necesarios. Hay que separar el grano de la paja y señalar cuáles son los comportamientos estructurales que apuntalan el sistema. Los Papeles de Panamá son una muestra más de cómo ese sistema está guiado por determinados intereses que no son los del bien común. Es necesario investigar y difundir cómo se tejen estas redes, desvelar cómo los organismos internacionales cooperan en su urdimbre, lejos de perseguir eficazmente el fraude. No son simplemente listas de espabilados que encontraron cómo no pagar impuestos.

Hay que combatir el cinismo que defiende que se trata de un comportamiento legal; es evidente que los poderes fácticos hacen la ley en su beneficio. No necesitamos más pruebas. No podemos oír más veces que hay bancos que se niegan a dar datos de sus clientes cuando los requieren las haciendas públicas. Tampoco que 33 de las 35 empresas del IBEX eluden impuestos. No podemos tolerar que personajes como el ex primer ministro luxemburgués J.C. Juncker, que transformó su país en uno de los paraísos más grandes del mundo, estén en los puestos más altos del poder mundial. Acabar con los paraísos fiscales es indispensable para restar poder al casino financiero que nos gobierna.

 

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