Emigrante no hay camino, se hace camino al emigrar

Foto: 15M Bruselas

 

“De norte a sur, de este a oeste, la lucha sigue cueste lo que cueste”. En Marea Granate esta clásica frase es la que mejor resume a nuestro colectivo: trabajamos desde todas las partes del planeta para denunciar a las personas que nos han obligado a emigrar, para que entreguen sus armas —los millones robados— y nos devuelvan la dignidad.

MAREA GRANATE

Sabemos muy bien quiénes somos. Nos declaramos con orgullo hijas del 15M; una de las Mareas ciudadanas que nació dos años después de la acampada de Sol, entre abril y junio de 2013. Somos una extensión de los movimientos sociales fuera del Estado español. Sí, somos una Marea transnacional, que tiende puentes entre al menos 25 países distintos, donde existen alrededor de 40 nodos granateros activos actualmente que funcionan con autonomía propia. No hay centralismo, sino horizontalidad. Somos radicalmente apartidistas e inevitablemente feministas. ¿Por qué somos Granate? Porque es el color del pasaporte, símbolo de nuestra migración forzada.

Pero también sabemos qué no somos. No somos solo jóvenes, y todos llevamos una gran carrera a nuestras espaldas y huimos de lo que nos ha obligado a marcharnos; migramos como consecuencia directa de las políticas económicas llevadas a cabo en el sur de Europa en las últimas décadas, orquestadas por la troika y que, además, han contribuido a que prolifere la corrupción en vez de atajarla.

Tampoco somos un colectivo homogéneo. Nos marchamos del país en situaciones muy distintas, con diferentes historias de vida y expectativas, pero, pese a las múltiples variables, nos unimos para luchar por un objetivo común: acabar con la injusticia social y la pérdida de democracia que sufren las personas migrantes, tanto en nuestro país como en los de destino. Además, somos altavoz de las protestas españolas, para que en el mundo entero se sepa que en nuestro Estado, entre otras cosas, nos amordazan. Por este motivo trabajamos codo con codo.

Cada nodo tiene diferentes ejes de lucha y distintas prioridades, como el apoyo al reciente movimiento Nuit Debout en Francia; la lucha contra el acuerdo xenófobo entre el Reino Unido y la Unión Europea en el contexto del Brexit, o la participación en los Consejos de Residentes Españoles (CRE), que han sido tradicionalmente copados por partidos políticos. Sin embargo, nuestros ejes globales de lucha a día de hoy podrían resumirse en los tres siguientes.

El primero es la pérdida de derechos fundamentales en el exterior, como los de sanidad y de voto. En cuanto a la salud, perdemos nuestros derechos de asistencia al marcharnos, o nos los niegan por ser “clandestinos”, o nos la cobran porque nuestro país no paga, o incluso nos obligan a contratar seguros privados. Seguiremos denunciando hasta conseguir una sanidad pública, gratuita y universal, y en ello estamos, luchando junto a Yo Sí Sanidad Universal. Sobre el voto rogado, viajamos de la mano de la plataforma Dos Millones de Votos para que no tengamos que rogar nuestro derecho fundamental a decidir. Exigimos un proceso de voto transparente y con garantías. Y en 2016, tras años de luchas y campañas como Rescata Mi Voto, la eliminación del voto rogado ha sido el único tema de consenso de todos los partidos del Parlamento que pronto se disolverá y nos abocará a nuevas elecciones con viejos problemas: comienza una nueva gymkhana para votar desde el exterior.

El segundo eje compartido es la lucha contra la precarización. Por ello hemos sido testigos del nacimiento de la red internacional de oficinas precarias, inspirada en la Oficina Precaria de Madrid, que hace frente a las situaciones de vulnerabilidad de derechos laborales en los lugares de destino. Estas oficinas ya existen en ciudades como Berlín, Viena, Londres, Edimburgo, París o Praga.

Y en tercer y último lugar, luchamos para garantizar un retorno digno. Rompemos los mitos del “regreso fácil” y del “final feliz” de los procesos migratorios. Para ello, se ha constituido un nuevo nodo en Madrid de migrantes retornados. Nos preocupa mucho cómo van a cobrar su pensión aquellas personas que han tenido que trabajar y cotizar en distintos países, y en este sentido hemos apoyado luchas como las de Long Hope, que reivindica el derecho a la pensión de 12.000 marinos españoles que trabajaron en Noruega y a los que se les está negando la jubilación.

Hemos aprendido mucho en estos tres años; ya no somos solo un colectivo de migrantes críticos en distintas ciudades, sino que hemos crecido conectados en red y llegado a sitios a los que jamás hubiéramos imaginado, como el Congreso de los Diputados, los informativos y la práctica totalidad de los medios de comunicación, hasta en los más conservadores —con mucho debate interno—. Hemos alcanzado 11.500 seguidores en Twitter y más de 23.000 en Facebook. Llegamos hasta Tokio, donde tenemos nuevo nodo. Hemos superado crisis y muchas presiones juntas. Y hemos aguantado y aguantaremos, estoicamente, asambleas de horas en Mumble sin vernos las caras, imaginando cómo será la persona que está hablando desde el otro lado del océano, en otro país. Muchos de nosotros no nos conocemos en persona, pero no hace falta, porque después de tres años compartimos muchas ganas de continuar luchando y construyendo camino al emigrar, sin fronteras: vamos despacio porque vamos lejos.

 

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