¿‘Accidentes’ laborales?

Eneko

Roberto Blanco Tomás

Hay temas que aparecen constantemente en los medios de comunicación, y otros sin embargo no aparecen casi nada. Esto, claro está, no ocurre porque sí: el espacio en los medios es limitado, lo que en él aparece tiene un efecto en la audiencia… y, en fin, vale pasta (de hecho vale mucha pasta). En consecuencia, las agendas de los mass media están cuidadosamente planificadas.

Un buen ejemplo lo tenemos en el “tema estrella” de nuestros días: toda esta historia de la independencia, o no, o según se mire, o vaya usted a saber, de Cataluña. Un asunto de “política oficial” que viene de perlas para exacerbar los sentimientos más primitivos de la ciudadanía (patria, territorio, bandera…) y ocultar todo lo que de verdad afecta a su vida real (vivienda, empleo, servicios públicos, comer cada día, pagar facturas cada vez más caras, defenderte de tu banco…). Porque hablar de estas cosas es más peligroso: imagínate que la audiencia toma conciencia de cómo está todo realmente, coteja datos, se cabrea y monta algún pifostio… No, mejor temas que les dividan y les mantengan entretenidos; y si de paso se olvidan de la corrupción inherente al sistema, pues mejor que mejor…

Así que hoy y aquí vamos a hablar de un tema que no sale casi nada en los medios. Y vamos a ver unas cifras que, si bien son públicas y cualquiera puede consultarlas en la web del Ministerio de Empleo y Seguridad Social, a casi nadie se le ocurre hacerlo (¿para qué, si es un rollo y ya vemos en el telediario todo lo “importante” que ha pasado?). Me refiero a los “accidentes” laborales, una verdadera lacra que sufre nuestra especie desde que existe la explotación del trabajador por el patrón (con sus variaciones de términos a lo largo del tiempo: “esclavo/amo”, “siervo/señor”, etc.), esto es, desde el principio de los tiempos.

Pero antes de hacer ninguna valoración, vamos con las cifras, que es lo que basta y sobra para darnos cuenta de cómo está la cosa… Según los datos del Ministerio, “el número total de accidentes de trabajo con baja en 2016 asciende a 566.235. Significa un aumento de 36.987 accidentes sobre los registrados en el año anterior”. De ellos, “489.065 ocurrieron durante la jornada laboral y 77.170 fueron accidentes in itinere. En comparación con los datos del año anterior, se producen subidas del 6,8% en los accidentes en jornada y del 8,3% en los in itinere. Se han notificado además 733.397 accidentes sin baja, lo que supone un ascenso del 2,6% en comparación con los datos de 2015. […] Se han producido un total de 629 accidentes de trabajo mortales en 2016, idéntica cifra que el año anterior. Durante 2016, se han registrado 496 accidentes mortales en jornada de trabajo y 133 accidentes mortales in itinere. Se produce una disminución de 19 casos en jornada, mientras que se registran 19 casos más de accidentes mortales in itinere que el año anterior”.

Claro, el tema es que cuando uno oye la palabra “accidente” rápidamente piensa en un hecho aislado, en algo que no es habitual que ocurra, y que aunque tenga una causa también interviene de alguna manera la fatalidad… Lo que pasa es que 566.235 “accidentes” con baja y 629 mortales en un año no parece algo aislado precisamente, ni fruto de la fatalidad. Estamos hablando de más de 1.500 “accidentes” con baja y casi dos muertos diarios. Podremos discutir qué es esto, pero desde luego “accidentes” no son ni de coña.

Seguro que las personas que me estén leyendo y hayan participado o participen en la lucha obrera llevarán un rato canturreando mentalmente el clásico lema “¡accidente laboral, terrorismo patronal!”, que en mi opinión da de lleno en el clavo. En este país, en este mundo, hay gente que va por la mañana a currar y ya no vuelve; y estas cosas ocurren por algo, no por “accidente”. La gente palma en el tajo porque los responsables (siempre hay responsables de todo, aunque en nuestras sociedades la responsabilidad se intente evadir cuando pintan bastos), o no se preocupan lo suficiente, o no quieren gastar lo suficiente, o se la suda bastante que esto ocurra. Es una pasividad muy activa, que equivale a una acción. Una acción terrorista, en un tipo de terrorismo que, pese a que genera bastantes más víctimas que el clásico, se persigue con mucho menos empeño y medios que a éste. Eso tampoco es un “accidente”.

Y no tiene pinta de terminar, según nos muestran las cifras de lo que llevamos de año (hasta septiembre): 435.721 “accidentes” con baja (21.016 más que en el mismo periodo del año pasado). De ellos, 377.512 en la jornada de trabajo (17.980 más) y 58.209 in itinere (3.036 más). 461 “accidentes” mortales (igual que el año pasado): 366 en la jornada (16 más) y 95 in itinere (16 menos). Como puede verse, la tendencia es ascendente, así que algo hay que hacer. Lo primero, tomar conciencia de este problema, que es muy real; lo segundo, no dejar que nos distraigan con patrias, banderas y demás morralla del sistema; lo tercero: plantarnos, reclamar, exigir, pelear. No descubro el pan con tomate, pues la receta es la de siempre: aquí nadie regala nada, lo que consigamos será a través de la lucha.

 

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