¿Y si la semana laboral fuera de dos días?

MARTA LUENGO

¿Qué harías si la jornada laboral estándar fuera de dos días a la semana y tuvieras cinco para ti? Esta pregunta nos deja como mínimo en la duda de qué haríamos con tanto tiempo libre. Quizá lo que resulta más difícil de imaginar es la generalización de una jornada así, en la que no fuera necesario ni social ni económicamente buscar otro trabajo para los días libres “extra”, en la que el grueso de la semana se consagrara a actividades no laborales. Y es que la actividad más valorada hoy es la que se ha dado en llamar “trabajo”.

En este punto hay que hacer la necesaria parada para distinguir entre trabajo y empleo. Acabamos de usar “trabajo” como sinónimo de “empleo”. Sin embargo, “trabajo” es una categoría amplísima que consiste en ejecutar esfuerzos físicos o mentales que no tienen que ser necesariamente reconocidos con un salario. Es trabajo cultivar los geranios de mi terraza o pasear a mi perro. Socialmente solo mi trabajo remunerado será considerado “mi trabajo de verdad”, expresión comúnmente usada. En la Industrialización, cuando se extiende el trabajo asalariado y comienzan las relaciones laborales que conocemos hoy es cuando emerge esta concepción productivista que confunde empleo y trabajo.

Pero volvamos a la valoración social del trabajo (empleo). Como es sabido, se pueden clasificar los distintos trabajos dado el nivel de estatus que proporcionan, por el mero hecho de que el mercado retribuya una actividad la legitima. Así, dos personas pueden dedicarse a, por ejemplo, twittear durante ocho horas, pero solo la que lo haga bajo el paraguas de la remuneración entrará en el limbo del “trabajo de verdad”. Una vez más, el criterio del precio (el único que todos tenemos claro) gobierna una de las esferas más amplias que hay: la de la actividad humana. Solo si ésta está monetizada tiene valor social efectivo.

Nuestro acervo cultural presenta el trabajo, de hecho, como la principal obligación del ser humano, con un indudable requerimiento moral. Efectivamente, hay que trabajar para producir alimentos y, actualmente, el empleo es necesario para la mayoría si queremos pagar el alquiler y la comida. No obstante, tradiciones de distinto signo, al dar el paso de considerar que el trabajo dignifica a las personas, se han olvidado de que lo digno era tener unas condiciones materiales de subsistencia aseguradas. Nos cuentan que hubo un tiempo en el que el trabajo las proporcionaba.

Hoy es un hecho cada vez más tristemente extendido que el trabajo no asegura una vida digna; de hecho, en España el núm ero de trabajadores pobres tiene tendencia creciente (hoy es el 14%). Por otro lado, el empleo se ha convertido en un bien escaso, y estamos cansados de oír promesas de creación de empleo que nunca se cumplen. La futura e inminente mecanización y robotización de gran parte de las tareas que hoy hacen las personas promete contribuir al aumento del desempleo en los próximos tiempos. Por ello, el sociólogo Zygmunt Bauman afirma que es urgente desvincular la supervivencia del empleo. El no tener empleo, huelga decirlo, no ha de degradarnos; precisamente porque, a pesar de no tenerlo, realizamos constantemente trabajos que, esta vez sí, pueden dignificarnos si nos dedicamos a satisfacer necesidades humanas propias o ajenas o a desarrollar nuestra capacidad creativa.

No se trata de condenar todo el trabajo o insinuar que no hace falta: la intención de estas líneas es cuestionar su papel de mecanismo absoluto de adjudicación de estatus; invitar a quien lo lee a preguntarse, en tiempos de precarización incesante, por qué tiene tanto valor, aunque en muchos casos no proporcione prácticamente experiencias positivas. Propuestas como la renta básica, la reducción de la jornada o el trabajo garantizado pueden ayudar a dibujar nuevos horizontes en los que buscar alternativas. Hacia esta tarea hay que orientarlas, oponiéndolas al paradigma productivista-consumista, para que todas las personas tengamos cabida y asumamos (de una vez) los límites del planeta. Suponen tener que imaginar una esfera creciente de la vida al margen del empleo, ampliando el marco de relaciones humanas.

¿Qué harías con más tiempo?

¿Por qué nos parece imposible, por qué nos resistimos?

 

Comparte!
Etiquetas: ,