Somos muchas

Foto: Álvaro Minguito

 

Ana Cárdenas y Suky Reglero, militantes feministas

Como puso de manifiesto el éxito rotundo del pasado día 8, no cabe imaginar que alguien dude a estas alturas de que somos muchas. En las ciudades, en los pueblos, en los barrios, ese día fuimos muchas las mujeres que paramos, las que colgamos el delantal, las que nos organizamos con la familia para delegar los cuidados, las que dejamos de consumir, las que salimos a alzar nuestra voz, las que marchamos con nuestras hermanas de la mano. Muchas recorrimos las calles, desbordando itinerarios, y lo hicimos con alegría, bailando al ritmo de nuestra propia banda sonora, exhalando gritos de entusiasmo y aullidos de manada emocionada.

La cobertura internacional, las imágenes de las concentraciones y las cifras que se han difundido bien nos pueden dar una idea de la dimensión histórica de este 8 de marzo. Seis millones de trabajadores secundamos la huelga laboral, especialmente en sectores con alta feminización como la enseñanza o la sanidad. Más difícil de cuantificar, la huelga de cuidados ha conseguido poner en el centro del debate la desigualdad en los hogares y la carga que soportamos las mujeres. Los números que se manejan sobre las manifestaciones oscilan, a veces de forma ridícula, porque nunca ha habido voluntad de contar de forma fiable la asistencia a las mismas. No vamos a discutir cantidades, pero nuestros ojos y nuestro corazón nos dicen que fuimos muchas.

Somos muchas las que hemos trabajado para hacer posible la huelga feminista, que no ha surgido por arte de magia, sino que ha sido el fruto de muchas reuniones, debates, acuerdos, contactos, charlas y tareas de difusión en barrios y pueblos. Muchas son las que vienen luchando desde hace más de cuarenta años por los derechos y las libertades civiles de las mujeres en este país. Y somos muchas también las que nos hemos incorporado en el último año, incluso algunas en los últimos meses. Mujeres de colectivos, grandes y pequeños, mujeres de militancia independiente, de cualquier edad, procedencia o condición, hemos unido nuestras fuerzas, nuestros saberes y nuestra ilusión para dar forma a esta huelga.

Redactamos nuestro argumentario, cargado de razones, y elaboramos nuestro manifiesto. Difundimos por redes sociales las convocatorias de las asambleas para ser muchas. Y muchas, cada vez más, nos fuimos organizando a través de esas asambleas, que eran absolutamente abiertas a toda mujer que quisiera participar, inclusivas y acogedoras de la diversidad. No hay nadie más, y mucho menos un partido, detrás de todo esto. ¿Es que acaso se os hace poco? ¿Es que resulta inverosímil que muchas mujeres, autoorganizándonos y autofinanciándonos, hayamos llegado a conseguir este hito en la historia del feminismo de este país?

Si habéis leído nuestro manifiesto o, mejor aún, el más extenso argumentario, habréis podido deducir que nuestro posicionamiento es político. ¿Cómo no serlo si cada gesto y cada decisión que tomamos en nuestras vidas es política? Queremos algo más que medidas igualitarias, nos posicionamos en contra de cualquier forma de opresión que ejerce el patriarcado: racista, clasista, machista, capitalista y LGTBIQfóbica, porque la división del trabajo hace que este sistema se sostenga gracias al trabajo —invisible y no remunerado— que realizamos las mujeres.

También somos muchas las que queremos seguir trabajando para cambiar la situación de las mujeres. Porque lo dijimos y lo sostuvimos en una enorme pancarta morada que decía: “Paramos para cambiarlo todo”. Iba en serio.

 

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