Sombras de Pobreza Energética y luces que señalan el camino

La preocupación por este tema en todo el Estado es general. | 15M Córdoba

José María Gallego López / 15M Coslada

A primeros de año conocimos que Endesa e Iberdrola realizaron un total 506.481 cortes de luz por impago en 2015. A estos datos habría que añadir los cortes efectuados por otras empresas que no han publicado resultados. Esto supone un incremento del 5,9% respecto a los cortes hechos en 2014.

Lo cierto es que desde hace muy poco es conocida esta faceta de la pobreza, tratándose de un concepto desconocido en España hasta 2012, año en el que la Asociación de Ciencias Ambientales publicó su primer informe sobre pobreza energética en España, con datos de 2010, alertando de que en nuestro país había cinco millones de personas (12,6% de la población) en esta situación. En el segundo informe, publicado en 2014 con datos de 2012, la situación había empeorado sensiblemente, y ya eran siete millones de personas (un 16,6% de la población) las que eran pobres en materia energética.

Los principales colectivos que sufren pobreza energética son las personas desempleadas, ya que según la el Informe Pobreza Energética en España 2014, en 2012, uno de cada tres hogares cuya persona de referencia estaba en paro, destinaba más del 10% de sus ingresos anuales al pago de las facturas de la energía doméstica. También las y los pensionistas, pues el mismo informe alude a que en 2012 el 21% de los hogares en que la persona de referencia era una persona con pensión contributiva, eran hogares con pobreza energética. Hay que incluir a las personas en exclusión, personas atendidas por entidades sociales, ya que el 41,4% de las familias atendidas por Cruz Roja se ha enfrentado a la pobreza energética este invierno; y a las personas sin techo o en infraviviendas, aunque no hay datos referidos específicamente a este colectivo, porque constituyen seguramente la expresión más radical de pobreza energética. En España hay cuarenta mil personas sin techo y un millón y medio de personas viven en infraviviendas (viviendas ocupadas, chabolas, naves…).

Esta pobreza energética tiene consecuencias no solo en el calor de la casa, sino en muchas otras facetas que nos parecen cotidianas (acceso a Internet, en casos extremos de casas sin luz cosas como el frigorífico, dificultades para cargar el móvil…) y en la salud. En el artículo Causas y consecuencias de la pobreza energética, que aparece en el periódico madrid15m nº 43, se explica cómo el frío y la humedad permanentes pueden conllevar problemas respiratorios como asma, bronquitis y alergias, y agravar enfermades o problemas de salud ya existentes. También se apunta a repercusiones a nivel de salud mental, dado que vivir en malas condiciones puede causar ansiedad, exclusión, insomnio, inestabilidad familiar e incluso aislamiento social. Según el referido informe de la Asociación de Ciencias Ambientales, en España se producirían unos 7.000 fallecimientos prematuros cada invierno a causa de la pobreza energética.

Por otro lado, el informe Estudio de víctimas de incendios en España 2014, realizado por la Fundación MAPFRE en colaboración con la Asociación Profesional de Técnicos de Bomberos, afirma que el número de incendios en hogares en 2014 fue de casi 15.000, un 30% más que el año anterior, y el número de personas muertas en incendios y explosiones del hogar fue de 162, un 22% más que el año anterior. Detrás de muchos de estos incendios está el uso de artilugios que gente sin recursos usa para cocinar o calentarse, según el artículo La pobreza energética cuesta vidas.

Los datos para Madrid resultan devastadores: según el informe de la Asociación de Ciencias Ambientales en 2012 había 765.000 personas en situación de pobreza energética, de las que casi medio millón no podían mantener su hogar a una temperatura adecuada, y el número de muertes asociadas a pobreza energética en promedio fue de entre 200 y 800 personas al año entre 1996 y 2011. De confirmarse estas cifras, la pobreza energética podría situarse como una causa relevante de mortalidad en la Comunidad de Madrid, y ocupar así un puesto entre el 11º y el 13º en la escala de causas de mortalidad, con cifras similares a las muertes por enfermedades infecciosas y parasitarias y a las muertes por enfermedades del sistema osteomuscular y del sistema conjuntivo.

Aportando algunas luces entre las sombras

Desde ámbitos municipales se están poniendo en marcha proyectos pequeños que pueden servir de inspiración para ámbitos mayores. En el proyecto Ni un hogar sin energía de ECODES en Zaragoza se hacen visitas a hogares con pobreza energética, se analiza la situación de la vivienda y los aparatos, se monitoriza el consumo eléctrico, y a partir de esta información se adecúa el tipo de contrato y la potencia contratada con la compañía y se dota el hogar de soluciones de eficiencia eléctrica. Un proyecto similar pretende impulsar la Asociación de Ciencias Ambientales en Azuqueca de Henares, acompañado de talleres formativos para voluntariado.

En los movimientos sociales es notable la labor que se está realizando, entre otros muchos colectivos, desde la Alianza contra la Pobreza Energética, nacida para presionar y denunciar a las Administraciones públicas por su inmovilismo ante la usura de las empresas suministradoras de de energía y agua. La Alianza organiza cada dos miércoles asesorías colectivas en las que activistas y personas afectadas ponen en común experiencias e informan de los pasos a seguir ante la amenaza de cortes de suministro. Se puede acceder a muy valiosa información en la sección de documentos de la página web de la Alianza contra la Pobreza Energética.

Desde EAPN Madrid se ha elaborado una guía disponible en Internet, llamada Guía para el Ahorro Energético. ¿Qué puedo hacer para aumentar la eficiencia energética en mi hogar?, en la que se dan algunas pautas para la autoevaluación de la situación energética de la vivienda o que puede servir para realizar auditorías energéticas en casas de familiares y en el vecindario.

 

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