Para que no se entienda

elroto@inicia.es

Félix Pastor | ASAMBLEA 15M ALUCHE

Es una realidad objetiva que lo que tocan los políticos lo pervierten, lo manipulan y no tardan en descomponerlo y pudrirlo. Da igual que sean hospitales, ayudas a los desempleados, construcción de escuelas y cuarteles o un viaje del Papa: la avaricia e incompetencia de la clase política no conoce límite.

Ya en abril de 2013 el Consejo General del Poder Judicial contaba 2.173 casos “complejos”, de los que 1.661 estaban relacionados con la corrupción. Eran delitos económicos en los que están involucradas personas relacionadas con la estructura de los partidos políticos. Diario 16 informó de que “durante 2016 se detuvieron 7.140 personas involucradas en casos de corrupción”, pero solo han pasado por la cárcel 87, según informó el diario Público. Luego muchos de los condenados han sido indultados.

Por lo que se ve, casi todos los corruptos gozan de impunidad y son infinitas las modalidades de corrupción que han sido capaces de imaginar. Para disfrazarlo, el Gobierno manipuló la terminología jurídica prohibiendo que a los corruptos se los llame “imputados”, obligando a que se los considere solo “investigados”.

Las palabras son especialmente peligrosas cuando las usan los políticos. Para entender lo que dice un político hay que estar muy en alerta y no todo el mundo está preparado para defenderse.

Cuando el Ministro de Economía dijo que había tenido que “resolver” un banco, lo que decía es que el banco ya no tenía el dinero que los ciudadanos habían guardado en él ni lo iba a tener, y la segunda parte del mensaje oculto es que el dinero que faltaba lo ibas a poner tú. Y así fue, pues te lo quitaron de educación, sanidad, pensiones…

Cuando los políticos se ven obligados a decir lo que no quieren, retuercen los conceptos y sus significados con el fin de hacerlos irreconocibles. Por ejemplo, cuando la palabra “banco” se refiere al sitio donde están los ahorros de la gente, la cambian por “entidad financiera”, que es más ambigua, no despierta alarma y parece que habla de sociedades mercantiles, de paraísos fiscales ajenos; y la palabra “solvente” referida a un banco ( o entidad financiera) no tiene el mismo significado para el diccionario que para un político. El Banco de España dijo que Bankia era solvente y el ministro de Economía dijo que el Banco Popular era solvente dos días antes de tener que rescatarlo. En realidad los rescates bancarios han sido transferencias de dinero en las que los pobres han rescatado a los ricos. Solo en el rescate de las cajas de ahorros han cambiado de propietario 100.000 millones de euros. Cuando la clase política y la financiera dicen “solvente“ significa todo lo contrario de lo que ponga en el diccionario. “Solvente” para esta gramática parda es “que se apoya en activos considerados sólidos”, pero activos sólidos son los que ellos digan que lo son, por ejemplo la deuda pública que emiten los Gobiernos, incluidos el nuestro, el de Grecia, Irlanda y solvencias similares.

Las amnistías fiscales que hicieron los gobiernos de Zapatero y Rajoy (de las que se beneficiaron Rato, Bárcenas, Lopez Viejo, Granados, Cañete… ), nunca las reconocieron como tales y las han disfrazado con nombres como “regularización extraordinaria”, “declaración tributaria extraordinaria” y otros camuflajes.

A los recortes en educación, sanidad, dependencia, empleo público, becas, etc., que son desvíos de financiación, les llaman “ajustes estructurales”, pero en realidad es todo lo contrario, pues forman parte del mismo plan desestructurador de nuestra forma de vida, que está provocando necesidades, sufrimiento y desesperación.

Llaman “movilidad externa” a lo que es emigración forzada por la necesidad económica, “emprendedores ” a trabajadores a los que se les obliga a pagar la cuota como autónomos, “crecimiento negativo” a lo que son perdidas, y miles de casos más.

El Ministerio de Justicia en realidad se ocupa de administrar la ley. Confundir y cambiar “ley” por “justicia” es la peor estafa que lleva sufriendo la sociedad en cualquier época y lugar del universo. Esta manipulación, como vemos, no es nueva, pero es especialmente cruel cuando se llama “violencia de género” a lo que es pegar palizas y matar a las mujeres.

Esa práctica de viciar y vaciar el lenguaje solo es posible porque tienen la complicidad culpable de los medios de comunicación, a los que nutren con migajas del festín del saqueo. Eso no es hacer periodismo.

 

Comparte!