‘Nitrogenazo madrileño’ capítulo 1

Foto: Ecologistas en Acción

Asamblea Aluche 15M

Madrid se cubre con una boina de contaminación que se hace visible los días soleados de invierno. Uno de los gases que forman esta boina aportando tonalidad marrón es el dióxido de nitrógeno (NO2), gas que en la Villa y Corte ha desplazado en popularidad al dióxido de carbono (CO2), gas de efecto invernadero y actor principal del conocido mundialmente cambio climático.

A pesar de la trascendencia del impacto negativo del ‎CO2 sobre la actividad productiva y el medio ambiente como principal gas que contribuye al calentamiento global, en los “madriles” tiene mayor repercusión mediática el NO2 y su “Nitrogenazo madrileño”, chotis modernista réplica de la celebérrima copla Cocidito madrileño, oda al guiso invernal por excelencia de la cocina madrileña.

¿Qué sabemos del NO2? Su origen es la reacción química entre el aire y los gases producto de la combustión de los motores de nuestros coches. Buscando un poco en “San Google” encontramos que “Las Autoridades Sanitarias advierten que…” el NO2 es un gas toxico que daña a nuestros pulmones, gargantas y ojos y que está presente en patologías que periódicamente colapsan los servicios de Urgencias madrileños por inflamación de las vías respiratorias. Pero curiosamente y contra toda lógica no es por su toxicidad que Madrid añada a su banda sonora el “Nitrogenazo madrileño”. El éxito de nuestro gas se debe al gracejo de variar rápidamente su concentración en el aire según las condiciones climáticas y por el salero que tiene de poder activar y desactivar de un día para otro el protocolo municipal de Episodios de Alta Contaminación por NO2. Casi na.

Sí señores, la grandeza de nuestro “Nitrogenazo madrileño” reside tanto en lo previsible del hecho (demasiados coches circulando a diario por Madrid sumado a los frecuentes episodios anticiclónicos invernales) como en lo variable de los valores horarios de NO2, que indican los episodios de contaminación agudos. Las mediciones deben esperar a la inversión térmica vespertina, por lo que normalmente se activa el dichoso protocolo de madrugada. Pero “no se vayan todavía, no se vayan por favor”… Todavía hay más. El citado protocolo, pensado para controlar la calidad del aire que respiramos, es el que de menos a más establece escenarios que restringen el acceso y circulación del vehículo privado en la capital del reino. ¡Qué barbaridad, limitar a la ciudadanía el uso y disfrute del transporte particular por excelencia! A sabiendas de que tocar el tema es impopular.

Por suerte para los madrileños hay quienes enarbolan la bandera de las sacrosantas libertades individuales como respuesta a la perfidia e ineptitud del populista consistorio madrileño, “cochófobos” reputados, quienes por capricho y vanidad pretenden dificultar la movilidad en coche de miles de personas activando con nocturnidad y alevosía protocolos por alta contaminación de NO2.

Desde el Ayuntamiento nos intentan convencer de que existe un problema de salud pública y que la mejor apuesta para evitar el “Nitrogenazo madrileño” es restringir el tráfico privado aunque las concentraciones de NO2 estén por debajo de las cifras admitidas en dicho protocolo, pero… ¿qué pretenden estos apocalípticos? ¿Proteger con medidas preventivas sin llegar a los límites admisibles por la salud?… ¡Ni que nos estuviéramos envenenando por el condenado nitrógeno ese!

Continuará…

 

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