Mucho más de 60.000 millones

Marta Luengo

El pasado mes de junio el Banco de España (BDE) publicó un informe con lo que va de la factura del rescate bancario que tuvo cierta repercusión. El dato era sobrecogedor: 60.613 millones de euros que se han dado ya a fondo perdido, que no se recuperarán. No todo el montante de pérdidas está constituido por dinero público. 21.000 millones los puso el Fondo de Garantía de Depósitos que se financia con aportaciones de la banca, si bien es cierto que se considera parte del Estado (son aportaciones que han de hacer dado la posición privilegiada que ocupan) y, por tanto, si sus inversiones se pierden, perdemos todos.

A pesar de lo abultado del dato, no recoge ni de lejos la totalidad de las ayudas y rescates varios de los que se ha beneficiado la banca. Una serie de acciones que le han permitido apuntalar su poder y que ha propiciado una fuerte concentración en el sector.

Preliminares: malas prácticas bancarias por todo el globo

El comienzo de la historia se ha contado muchas veces. Érase una vez un exuberante entorno financiero internacional en el que los bancos alemanes y franceses utilizaban su exceso de recursos para conceder créditos a los bancos del sur, colaborando ambas partes en un desequilibrio sin parangón desde la crisis de 1929. A su vez, los bancos españoles, inundados de esta liquidez, daban crédito a mansalva a cualquiera que se pasaba por su ventanilla (o si no, lo llamaban por teléfono).

Para conceder préstamos los bancos deben tener un cantidad proporcional de lo que llaman “capital” (definición que, por cierto, va cambiando con el tiempo). Sin embargo, durante la burbuja inmobiliaria los bancos españoles no cumplían ese mínimo; ellos sí vivían por encima de sus posibilidades y, lo que era peor, ningún supervisor les decía que tenían que hacerlo de otra manera.

Entonces prendió la chispa de la crisis: el banco de inversión Lehman Brothers quebraba el 15 de septiembre de 2008, la fecha es importante para los preferentistas. El mercado en el que los bancos se prestan dinero se secaba inmediatamente, todos sabían de sus prácticas de alto riesgo y nadie se fiaba del balance del vecino.

La trampa de las ‘preferentes’, el primer rescate

Lo que no ha incluído el BDE en su informe es la cuantía del primer rescate a los bancos, el que hicieron los ahorradores minoristas engañados con las participaciones preferentes y productos similares. Estos instrumentos financieros fueron el mecanismo que utilizó la banca española para cubrir las primeras pérdidas tras el colapso de la financiación internacional. Los bancos alemanes y franceses ya no les querían prestar, y era imposible conseguir financiación por medio de las clásicas ampliaciones de capital. El negocio de los intereses de las hipotecas, aunque considerable, no servía para cubrir el agujero: el castillo de naipes se desmoronaba.

La solución vino gracias a una medida aprobada unos meses antes. En una tristemente famosa circular, el BDE había permitido a los bancos y cajas utilizar las participaciones preferentes y deuda subordinada con la categoría capital. Como se ha señalado, lo que vale como capital cambia según cambia la regulación. Además, los bancos españoles no cumplían el mínimo de capital exigido para poder realizar su actividad con garantías. Con el inicio de la crisis el problema se agravaba por momentos, y la necesidad de capital era cada vez mayor. Por ello las preferentes fueron emitidas en masa y sin contemplaciones. Cualquiera podía ser víctima del fraude, pero había un perfil especialmente común. Según el abogado Eugenio Ribón, el 80% de los afectados son “nuestros mayores de 70 años, que tras una larga vida de esfuerzo y sacrificio depositaron sus ahorros, junto a su confianza, en entidades financieras, sin ser conscientes en la inmensa mayoría de las ocasiones de estar suscribiendo un producto de alto riesgo financiero ”.

La avalancha de venta de preferentes se produjo en el último trimestre de 2008 y en 2009, pero las quitas a los pequeños ahorradores no se produjeron hasta después del rescate europeo. Mucha gente había prestado sus ahorros a perpetuidad sin saberlo. Sin embargo, todo este fraude ni siquiera fue suficiente para compensar las pérdidas del sistema bancario y pronto fue necesario otro salvavidas de dinero público, esta vez también con recursos que provenían de los contribuyentes europeos.

2012, el rescate europeo

En junio de 2012 los balances maquillados de la banca española no aguantaron más y el Gobierno se vio obligado a solicitar el rescate a Bruselas. Se trataba de asegurar aquellos préstamos que la banca alemana y francesa había hecho a la española en la época de las vacas gordas. Entre tanto, las cajas de ahorros habían sido convertidas en bancos, y en el proceso, entre otros, había surgido Bankia, cuyo agujero precipitó el rescate.

La salida a bolsa de Bankia fue otra estafa que significó otro rescate que el BDE no computa al completo en la factura publicada. Con el rescate europeo, Bankia es parcialmente nacionalizada y asumimos con ella todas estas estafas y el pago de las devoluciones una vez que los clientes ganan la mayoría de demandas.

Desde el principio, el dinero del rescate estaba dirigido a salvar la banca. Sin embargo, el préstamo se le concedió al Estado para contar con sus garantías, mucho más fiables que las de la banca.

¿Cuántos rescates más hoy?

Y desde entonces se suceden los documentos oficiales que, como el último del BDE, nos actualizan la factura de los recursos empleados en sostener a los grandes culpables del desequilibrio económico mundial. Pero estos documentos adolecen de lagunas, solo contabilizan parte de las ayudas y regalos y no dan cuenta de la multitud de medidas que han sostenido una banca que aún tiene sus balances podridos, como muestra la crisis del Popular.

Hay muchos rescates que, como en el caso de las preferentes, ni siquiera son calificados como tales. Muchas veces también son fraudes de ley, como las cláusulas suelo, de las que aún no sabemos cuánto dinero ahorraron a los bancos. En las últimas semanas acaba de saltar a la palestra el nuevo abuso de las hipotecas: los gastos abusivos.

Por otro lado, la aberración de los créditos fiscales ni siquiera se considera ilegal, pero seguirá en los balances bancarios hasta que algo haga ver que el emperador está desnudo. Y por muy desesperante que parezca, la mayor cantidad de ayudas a la banca no suele ni computarse dada su envergadura: son los avales y las ayudas de financiación del Banco Central Europeo, subvenciones que sobrepasan los montos aquí referidos.

Todos estos abusos muestran las enormes injusticias del modelo bancario y financiero actual, que en España, gracias a su connivencia con el poder político, ha resultado en una gestión de la crisis especialmente perjudicial para los clientes y contribuyentes. El caso del Popular y la reciente fusión de Bankia y Banco Mare Nostrum también implicarán el empleo de ayudas públicas en una rueda que parece no tener fin pero que deja una certeza: el sistema bancario mundial es una carcoma que se extiende e impide el desarrollo de la actividad económica sana.

 

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