La conexión entre los ‘bonus’ y la calefacción apagada

el roto

Marta Luengo

Ya casi es Navidad, y eso significa que los bonus y demás aumentos salariales de fin de año están muy cerca. Enhorabuena Endesa, enhorabuena Iberdrola, vuestros balances son maravillosos; adelante con ellos, no hay de qué avergonzarse. Ambas compañías, en vista de los buenos resultados que iban cosechando este año, han aumentado el dividendo que pagan por acción, y sus beneficios este año serán considerables. No vamos a aburrir a nadie poniendo aquí los miles de millones que suponen o si serán unas cuantas décimas mayores o menores que el año pasado.

Quizá sería de mal gusto aguarles la fiesta hablando de esos pequeños daños colaterales que surgen inevitablemente en el eficiente desempeño empresarial del oligopolio que es el mercado eléctrico en el reino español. Estos daños colaterales son, ni más ni menos, las clásicas ineficiencias microeconómicas que todo oligopolio conlleva, hasta este inocente mercado, supuestamente liberalizado, para mejorar la eficiencia y bajar los precios [risas]. Sí, hablemos mejor de ineficiencias, neguemos la pobreza energética, invisibilicemos una vez más el dolor, dormiremos más tranquilos.

Los que duermen, claro. Con el frío no es tan fácil, ni tan seguro.

Según el último informe de la Asociación de Ciencias Ambientales —con datos del 2014—, más de cinco millones de personas son incapaces de mantener sus viviendas a una temperatura adecuada en invierno. El escalofriante aumento en relación a los datos del anterior informe (de 2012) es del 22%. Desde el inicio de la crisis, las facturas de la luz y el gas, no es un secreto para nadie, se han disparado: la primera ha subido un 73% desde 2008, el segundo un 67%. Continúan los beneficios, se extiende la pobreza, los sueldos menguan, aumentan los bonus y dividendos, la desigualdad estalla. La ecuación es clara, unos ganan porque otros pierden, no hay que ser un genio, ni tampoco un maniqueo; no es cuestión de buenos y malos, sino de un sistema —o chiringuito— que han montado en función de su propio interés. ¿Cuándo y por qué empezamos esta sombría espiral?

La liberalización del mercado eléctrico comenzó allá por 1997 en clara continuación de la actividad privatizadora comenzada por Felipe González en los años 80. Estos procesos, que se anunciaron como síntoma de modernidad y desarrollo económico, son el origen de que hoy los recibos del agua, la luz y el gas supongan una amenaza para muchas familias en nuestro país. Poco a poco se ha ido configurando una situación jurídica privilegiada, cuya máxima expresión es el déficit de tarifa, creado en el 2000 con el fin de mantener bajos los precios de la energía [risas].

En realidad, este déficit no es más que otra de las decenas de subvenciones que el Estado otorga a este sector (ésta encubierta, como muchas otras), al reconocer que entre los costes hay partidas que no tienen que ver con la generación y la distribución de la luz o al avalar las emisiones de títulos para financiar esta deuda. En realidad, producir energía en nuestro país ha estado subvencionado y primado prácticamente desde que dejamos de usar antorchas.

Además de la continua alza en los precios, las facturas intencionadamente opacas y los mecanismos de subasta trucados para que siempre haya beneficio (parando y encendiendo plantas eléctricas en función de la demanda de cada momento), otra de las complejas estrategias empresariales solo aptas para los valientes emprendedores de este sector consiste en el esmerado engrasado de las puertas giratorias. Han de estar siempre a punto para que políticos de todo pelaje se vean tentados por ellas; de esta manera podrá continuarse con el amparo estatal de prácticas abusivas o incluso para rescates de última instancia.

El invierno no es igual para todos y, en clara conexión, mientras unos recibirán complacidos sus bonus, otros no podrán encender la calefacción. Para los que acusen de demagógica la anterior afirmación, un último dato del informe citado arriba: en 2014 más de 7.000 fallecimientos prematuros en invierno pudieron estar asociados a la pobreza energética.

 

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