Francia: por una sociedad más participativa

TEXTO: Baki Youssoufou Fundador de ‘We sign it’

En primer lugar, querría decir aquí que hablo en mi nombre y no en nombre de la movilización en Francia. Mi punto de vista es, pues, el de un ciudadano decidido a construir los cambios hacia la sociedad en la que tengo ganas de vivir hoy y para mañana. Para mí, cada generación construye el mundo en el cual evoluciona y evolucionará, ya sea por acción o por inacción. Participar a mi altura, de mi modo y con mis competencias en esta dinámica ciudadana es esencial para mí.

En Francia vivimos un momento de grandes trastornos, y nuestra generación tiene un papel importante que jugar, aunque solo sea por nuestra propia supervivencia. Nuestro papel pasa, entre otras cosas, por nuestra capacidad de construir solidaridades activas, por una empatía universal para vivir libres y por nuestra libertad, que debemos concebir con otros. Debemos construir los modos actuales de defender el interés común. Es bien visible que hoy existe una ruptura total entre nosotros, ciudadanos, y nuestras élites, ya sean políticas, intelectuales o económicas, pues vemos que estas élites no viven en el mismo país ni sobre el mismo planeta que nosotros.

La crisis actual nacida de la ley presentada por Myriam El Khomri, ministra francesa de Trabajo, no es otra cosa que la expresión del hartazgo de los ciudadanos frente a un Gobierno que no les tiene en cuenta en sus decisiones. Los partidos políticos han renunciado a construir organizaciones de masas que respetarían un cierto número de principios democráticos. Los ministros, al igual que ciertos diputados, se han situado en un cinismo que resulta incluso un desprecio hacia sus conciudadanos. Los partidos persisten en querer guardar el control sobre sus estructuras y sobre los ciudadanos, aunque vemos que los dogmas y las ideologías de las que se reivindican no tienen que ver nada con sus vidas y sus prácticas democráticas. La ausencia de ejemplaridad de los dirigentes políticos hace que no creamos más en sus promesas ni en sus compromisos.

Estamos muy indignados con la situación y con la incapacidad casi original de la clase política francesa, y de golpe nos expresamos al margen de los cuadros políticos y los militantes tradicionales. Los partidos políticos son demasiado viejos en sus prácticas democráticas y se vuelven inaudibles. Algunos de sus dirigentes se vuelven cínicos y despreciativos hacia los ciudadanos. Nos desprecian, jóvenes o viejos, porque no hemos ido a buenas escuelas ni tenemos un buen diploma.

Las grandes estructuras de la sociedad civil francesa (los sindicatos, las ONG y las corporaciones) son también sobrepasadas poco a poco por la necesidad de transparencia de los ciudadanos. Estas organizaciones tradicionales tienen, por ejemplo, un problema con lo digital, y su desconfianza hacia este medio las hace sospechosas a los ciudadanos, particularmente a los que hemos nacido digitales.

— Queremos participar plenamente en las decisiones que influyen en nuestra vida, mientras que las organizaciones tienden a imponer sus puntos de vista.

— Queremos participar de modo horizontal en las tomas de decisiones, mientras que estas estructuras tienen lógicas verticales.

— Queremos co-construir nuestro futuro, mientras que estas estructuras piensan poder decidir, sin consultarnos, lo que es bueno para nosotros.

— Queremos tomarnos el tiempo necesario para tomar las decisiones que condicionan nuestra vida y nuestro futuro, mientras que estas organizaciones dan siempre la impresión de correr detrás del tiempo y de dejar en el camino a mucha gente.

Estamos en una crisis generacional, y cuando digo “generacional” no hablo de jóvenes contra viejos. Hablo de un modo de hacer la política: los que piensan que han comprendido todo y que deben decidir solos, sin consultar a los ciudadanos, contra los que piensan que hay que hacerlo con los ciudadanos en sus diversidades.

La principal divergencia que tengo con la clase política de nuestro país es el hecho de que comparte la misma ideología: la de hacer todo para excluir a los ciudadanos de los círculos de decisión (por supuesto, tienen grandes diferencias sobre el modo de hacerlo). Me inscribo más en otra ideología: la de poner los medios para integrar al máximo de ciudadanos en todas las decisiones que les conciernen. El digital lo permite fácilmente si tenemos la voluntad. n

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