El ‘Guernica’ de Picasso

 

Preliminares, encargo, ejecución, exhibición y avatares de este famoso cuadro, en su 80º aniversario

Santi Ochoa

Picasso vivió en París pintando bodegones y retratos a pocos kilómetros del frente de batalla de la I Guerra Mundial, ajeno al sufrimiento de la primera conflagración de la historia que causaba millones de muertos delante de sus mismas narices.

No mostró ningún signo de acercamiento con la II República, que desistió de hacer una exposición de su obra en Madrid ante la falta de interés del pintor, y cuando en 1936 se hizo por fin en Barcelona, fue recibida con hostilidad por la prensa.

Encargo

En diciembre de 1936, cuatro meses antes del bombardeo de Guernica, el Gobierno republicano le encarga un gran mural de 11 metros para el pabellón español de la Exposición Internacional del año siguiente en París, con el fin de atraer la atención del público hacia la causa republicana en plena Guerra Civil.

El Gobierno le pagó 200.000 francos, una suma astronómica, que ascendía al 10% del coste total del pabellón y que cobró antes de terminar de pintarlo. El recibo de dicho pago le permitió al Gobierno español 44 años después reclamar la propiedad del cuadro.

Ejecución

Pasan los meses y no era capaz de comenzar el cuadro, pues nunca había pintado algo de un tamaño tan excesivo, acababa de tener su primer hijo y andaba en danza con las tres mujeres que entonces tenía.

Antes del encargo, y por iniciativa propia, ya había pensado una serie de bocetos denunciando el golpe de Estado fascista, los crímenes de la guerra y la figura malvada y grotesca de Franco. Los empezó a dibujar en enero de 1937, y a las pocas semanas conoció los horrores de “La Desbandá”, la masacre por las tropas franquistas de 150.000 mujeres y niños que huían de la toma de Málaga, su ciudad natal, y a finales de abril se entera del bombardeo de Guernica por las aviaciones alemana e italiana.

Picasso redujo el lienzo a menos de ocho metros, y tardó 33 días en pintarlo, del 1 mayo al 3 de junio de 1937, pesando al final 300 kilos. Esta basado en los bocetos que ya tenía unos meses antes, y en el cuadro no hay ninguna referencia al bombardeo de Guernica ni a la Guerra Civil Española.

Exposición Universal

El 12 julio de 1937 se exhibió al público en el pabellón español, mes y medio después de inaugurada la exposición. El cuadro no tenía título ni estaba firmado. Se le conocía por el lema “Gritos de niños, gritos de mujeres, gritos de pájaros…”

En un primer momento pasó casi desapercibido, tuvo malas críticas y apenas salía en los catálogos, pues el público europeo iba a la exposición a ver los últimos progresos tecnológicos y le daba la espalda a una imagen tan violenta. Como el cuadro no gustaba, un pintor guipuzcoano y un puñado de políticos también vascos pidieron que se sustituyera por otro sobre la Guerra Civil.

Avatares

Con el tiempo se empezó a relacionar el cuadro con el bombardeo de Guernica y los horrores de la II Guerra Mundial, y pasó a ser conocido por ese nombre. Del mismo modo que Ana Frank se ha convertido en sinónimo de todos los niños judíos en los campos de exterminio, y Auschwitz resume el horror del Holocausto, el Guernica pasó a ser un símbolo de los terribles sufrimientos que la guerra inflige a los seres humanos.

Reproducido millones de veces, copiado por gran número de artistas y reinterpretado por un número aún mayor, se ha convertido en un hito de la pintura como La Gioconda de Leonardo o Las Meninas de Velázquez. Es el cuadro más viajado del mundo, pues hasta su colocación estable en 1958 en el MOMA de New York, cruzó el Océano Atlántico seis veces en sus primeros 22 años de existencia, con 44 exposiciones entre la principales ciudades de Europa (13) y Estados Unidos (12), hasta su último traslado a Madrid en 1981.

 

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