¿Un presupuesto municipal más social y participativo? No es para tanto

Carlos Pereda (Sociólogo, Invisibles de Tetuán)

Hace un año los grupos 15M de la Red de Invisibles presentamos un manifiesto reclamando que la elaboración del Presupuesto de Madrid de 2016 fuera más participativa y se diera prioridad a las emergencias sociales. Proponíamos aumentar el gasto social y descentralizar la gestión dando más competencias y recursos a las juntas de distrito a fin de acercar el Ayuntamiento a los vecinos. Llamamos insistentemente a las puertas del área de Equidad, pero Marta Higueras no nos quiso recibir. Sin embargo, el responsable del área de Economía, Carlos Sánchez Mato, nos recibió con los brazos abiertos, reconociendo enseguida que la participación ciudadana en la elaboración del Presupuesto estaba siendo prácticamente nula, pero que eso lo querían resolver en los próximos años; también nos adelantó que iban a ampliar el gasto social en un 26% y que dedicarían una parte mayor a las juntas de distrito, aspecto este último que no se cumplió.

Al cabo de un año, el pasado 3 de noviembre, se presentó el Presupuesto de 2017, y, una vez más, el punto focal fue el aumento del “gasto social” en un 22%, aspecto positivo que recogieron todos los medios. También se recogió con amplitud la reducción de la deuda del Ayuntamiento generada por Gallardón, cuyo peso en el conjunto del Presupuesto bajaría del 21 al 11%, y que habría una nueva edición de los Presupuestos Participativos, que dispondrían de 60 millones de euros, lo mismo que el año anterior. Sin embargo, no se hizo ninguna referencia a la ausencia de participación ciudadana en el diseño global del Presupuesto y tampoco al escaso trasvase de recursos a los distritos, cuya partida presupuestaria, pese a incrementarse en más del 10%, solo suponía aumentar un dígito sobre el total del gasto municipal, pasando de algo menos del 12 al 13%.

Con la perspectiva de dos años, nos situamos ya en la mitad de la legislatura de Ahora Madrid, que tantas esperanzas generó en la población madrileña afectada por la crisis, y podemos hacer un primer balance de su política presupuestaria desde el punto de vista social. A continuación se recogen algunos puntos.

Reorientación social: bien, pero insuficiente

El conjunto de “gastos sociales” del Ayuntamiento ha pasado de 508 millones de euros en 2015 a 640 en 2016 y 798 en 2017. Una evolución que hay que valorar positivamente, pero cuyo peso en el conjunto del Presupuesto es todavía muy bajo (17% en 2017). ¿Tiene sentido, por ejemplo, que el área de Movilidad siga teniendo más presupuesto (913 M€) que todo el gasto social (798 M€)? ¿O que la suma de las dos áreas de gestión económica (Economía y Gerencia de la ciudad) cuenten con más dinero (457 M€) que el área de Equidad, Derechos sociales y Empleo (440 M€)? ¿O que el gasto en Policía Municipal (366 M€) sea el doble que la suma de Familia e Infancia, Personas Mayores e Inclusión Social y Emergencias (172 M€)? En mi modesta opinión, que creo es compartida por los grupos de Invisibles, la creciente desigualdad y exclusión existentes en nuestra ciudad exige dar un vuelco mayor a la rígida estructura del Presupuesto Municipal si de verdad se quieren abordar esos problemas con eficacia y dignidad. Queda todavía mucha tela que cortar.

Descentralización municipal: le cuesta despegar

Históricamente, la descentralización territorial fue una aspiración de los nuevos ayuntamientos democráticos, hasta lograr la mayor cota del 22% para los distritos bajo la alcaldía de Tierno Galván. En los años siguientes el consistorio invirtió el proceso y se volvieron a centralizar muchas competencias, reduciendo la tasa distrital al 11% y dando entrada a la gestión privada en la mayoría de los servicios municipales. En las elecciones locales de mayo de 2015 se produjo un nuevo punto de inflexión, ya que los programas de todas las fuerzas políticas incluían, con diversos matices, el objetivo de dar más competencias y recursos a las juntas de distrito, lo que dio lugar a un “Plan estratégico de descentralización municipal” y a la creación de una mesa de grupos políticos con la intención de dar forma concreta a dicho plan. Se pretendía llegar al 25% al final de la legislatura, pero hasta ahora el proceso apenas ha despegado, avanzando solo 1,5 puntos sobre el último presupuesto de Ana Botella.

Participación ciudadana: que no nos metan gato por liebre

El nuevo consistorio ganó las elecciones con el compromiso de “gobernar escuchando”, especialmente a las vecinas y vecinos que se encontraban en peor situación. Sin embargo, la elaboración de los presupuestos, momento decisivo en el que se pone en juego el alcance real de las medidas de política social, la llevan a cabo en la más estricta soledad los y las responsables políticos y sus asesores más directos, hasta que llega el momento, el pasado 3 de noviembre, de presentar un proyecto de Presupuesto en 10 tomos con miles y miles de páginas que para el ciudadano común se vuelven imposibles de digerir. ¿Sería tan difícil someter a debate público la orientación general del Presupuesto de Madrid, partiendo quizás de algo tan sencillo como plantear cómo nos gustaría que fuera nuestra ciudad? Y hacerlo con tiempo suficiente, con los recursos necesarios para favorecer la deliberación, sin miedo a segundas, terceras y las vueltas que hagan falta, hasta llegar a acuerdos.

A cambio, se han ofrecido varias vías de participación controlada: Presupuestos Participativos para decidir sobre el 1,2% del Presupuesto; web “Decide.Madrid” donde los vecinos internautas proponen y votan medidas concretas; foros locales de los distritos de Madrid en proceso de constitución, consultas sobre temas concretos como la plaza de España… Todas estas iniciativas no carecen de interés, pero su alcance es muy corto si se comparan con el poder infinitamente más real de diseñar el Presupuesto Municipal, que sigue siendo competencia exclusiva —y coto— de la junta de gobierno de Ahora Madrid y, porque necesitan su apoyo, del grupo socialista.

 

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