TITIRITEROS: La causa por enaltecimiento del terrorismo, archivada

Toni Rimbau/titeresante.es

Buenas noticias nos trajeron los dos titiriteros Alfonso Lázaro y Raul García, de la compañía Títeres Desde Abajo, en su tanda de actuaciones en La Puntual de Barcelona: el juez de la Audiencia Nacional Ismael Moreno ha archivado la causa abierta contra ellos por enaltecimiento del terrorismo. Parece que, pasadas las elecciones, un nuevo clima político ha emanado de las altas instancias político-judiciales del país, rebajando tensiones y eliminando dislates. Es hora de pactos y de entendimiento entre las fuerzas políticas que se han tirado los trastos durante estos últimos meses. Una noticia que los dos titiriteros recibieron con enorme alivio y una gran alegría.

En su auto, el magistrado se hace eco del cambio de criterio de la Fiscalía respecto a este procedimiento y asegura que no ha quedado “debidamente acreditada la perpetración” del delito que se les imputaba. Recordemos que el juez Moreno envió a los dos artistas a la cárcel, a petición del ministerio público, el pasado mes de febrero después de que representaran en el barrio madrileño de Tetuán, durante los carnavales y ante un público infantil, la obra La bruja y Don Cristóbal, en la que mostraron un pequeño cartel con la leyenda “Gora Alka-ETA”. Cinco días más tarde, les dejó en libertad y les impuso comparecencias en el juzgado. También les prohibió salir del territorio nacional.

El magistrado también se une ahora al criterio de la Fiscalía y reproduce en su auto el escrito remitido en el que se constata que los dos artistas solo pretendían hacer una crítica “a la actuación policial” y el cartel constituía una prueba falsa colocada para incriminar a uno de los personajes. “En ningún momento en todo el desarrollo de la obra los dos actores realizaron actos o profirieron expresiones de alabanza, ensalzamiento, enaltecimiento ni justificación o promoción de la actividad terrorista”, asevera la Fiscalía. También admite que la obra “fue ininteligible para el público en general” porque se representó en esperanto.

El magistrado ha remitido a los juzgados de plaza de Castilla la parte de la causa referente a la presunta comisión de un delito con ocasión del ejercicio de los derechos fundamentales y de las libertades públicas. Una vez más, se ciñe al criterio del fiscal y deja en manos de las dependencias judiciales madrileñas la decisión sobre si la obra supuso una lesión para la dignidad de las personas.

Además, el juez no admite a trámite las denuncias presentadas por dos asociaciones de víctimas contra los actores Alberto San Juan y Gloria Muñoz, que volvieron a representar en Madrid la obra de títeres y mostraron el mismo cartel. Considera que su intención fue la de solidarizarse con los dos titiriteros y señala que cuando reprodujeron la obra no había niños presentes ni se produjo ninguna alteración del orden público.

Es curioso que la tensión política que vive el país haya demonizado estos espacios de transgresión que, al menos en España, fueron siempre aceptados, aunque fuera a regañadientes. Pienso en el Don Cristóbal de antes de la Guerra Civil, tan ensalzado por Lorca y Buñuel, o en el mismo Makoki de Pepe Otal, quizás uno de los espectáculos más extremos que se hayan visto de este estilo, no solo en violencia sino en desfachatez, descaro y desvergüenza. Y cuidado, porque los palos no solo vienen de las derechas. En Cataluña, sin ir más lejos, durante los años setenta y ochenta, la cachiporra fue considerada un anacronismo de mal gusto y defenestrada por profesores y programadores de la nueva pedagogía catalana, que la veían con desprecio como una vulgar exaltación de la violencia. Y vigilemos a los militantes animalistas, tan dados a criticar la corrida de toros, no se les ocurra un día defender a los títeres —y al público infantil— de la violencia cachiporrera… Vivimos una época muy compartimentada en sus gustos y fobias, cosa que nos obliga a ser cautos sin la candidez de pensar que todo el mundo estará encantado de que nos divirtamos pegando garrotazos.

Y sin embargo, qué gran pedagogía es reírnos de los garrotazos en una época como la nuestra donde la competitividad se ha convertido en el principal imperativo moral, este avanzar a codazos que premia a los ganadores y penaliza con impactantes cachiporrazos de defenestración social a los perdedores, la mayoría, pues nuestro mundo solo permite a unos pocos subir al podio.

Felicitaciones pues a Títeres Desde Abajo por el sobreseimiento de su causa judicial y por su honrado y valiente empeño titiritero.

 

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