Tierra y Mujer. Nuestro saber ancestral

Foto: PLAZA DE LOS PUEBLOS

Plaza de los Pueblos

En marzo los vientos del sur soplan renovados desde los pulmones de las mujeres del sur para transformar, para transgredir, para subvertir todas las formas de colonialismo instaladas en los encuentros coloniales en Europa.

Dos imágenes sintetizan las derivas que están aún por trazarse en el dialogo entre los feminismos, y de éstos con todas las demás voces, saberes y miradas. El pasado 4 de marzo, por la tarde, en el Museo Reina Sofía, una de sus salas usuales se encontraba a reventar para escuchar a Rita Segato y Raquel Gutiérrez, dos mujeres que, desde los estudios feministas y la experiencia política concreta, han situado el debate de la violencia hacia las mujeres en América Latina en los campos del Estado, el capitalismo, el racismo, el patriarcado y el colonialismo.

En la narrativa de ambas se cruzaban elementos de comprensión novedosos de cara a dar cuenta de una parte de la realidad latinoamericana. Entre ellos está introducir en los estudios feministas el concepto de la reciprocidad. En cierta forma este conversatorio se desplazó a una especie de interregno de las presencias simultáneas, con lo cual, los encuentros en eso que Mary Louise Pratt llama “zonas de contacto”, en vez de encontrase, se desencontraron.

La otra imagen nos lleva a una de las salas de la librería Traficantes de Sueños, donde, igualmente, el aforo estuvo a tope para un conversatorio insurgente. Esa mañana del 5 de marzo, una de las mujeres más valientes en Sudamérica, Perla Álvarez, nos contó que desde las luchas de las mujeres campesinas e indígenas se defendía el derecho por recuperar la tierra, el derecho por defender la soberanía alimentaria, el derecho por defender la vida.

Perla, espíritu que lleva la fuerza de la comandanta Ramona de los zapatistas, desde CONAMURI, junto a las demás mujeres que han construido tan poético proyecto de lucha organizada, llevan casi veinte años emprendiendo una digna lucha contra las oligarquías en Paraguay, pero también sobre algo más profundo, estructural, como las luchas por derribar el “stronismo sociológico”. Éste es y ha sido el cemento de las instituciones de la transición a la democracia en Paraguay. España lo sabe muy bien con el franquismo sociológico que articuló la Transición del 78. Esa mañana Perla nos compartió que, frente a los límites de las categorías académicas o analíticas, en CONAMURI comprendieron que defender desde las mujeres campesinas e indígenas el derecho a la tierra, a la soberanía alimentaria, a la vida, se podía emprender desde un “feminismo de las luchas cotidianas”, contando con las mujeres campesinas e indígenas. Esa otra mirada del feminismo que se construye en cada lucha es posible articularla gracias a un elemento que es sorprendente por su carga creadora. Estamos hablando de la lengua guaraní.

El guaraní no necesitó una codificación, sino que nació como elemento constitutivo de la memoria del gran pueblo paraguayo. La gramática verbal del guaraní es revolucionaria, insurgente, rebelde, creadora. Allí esta la primera revolución comunera que fue un “grito de libertad” que nos legó el pueblo paraguayo. Esa lengua que cruza todas las épocas y esperanzas es el revulsivo de un nuevo tiempo político y de esperanzas para las luchas campesinas e indígenas en Paraguay y en toda América Latina. Desde esa lengua rebelde y amorosa donde los aprendizajes se forman, se dan cuerpo, se delinean, en ella viven los elementos destituyentes y constituyentes que cruzan el feminismo de las luchas cotidianas. Por eso, Perla es nuestra guerrillera Guaraní.

Por nuestra Berta Cáceres, por la comandanta Ramona, por todas las mujeres que día a día caen muertas, aquí y allá en todas partes, Perla, sigue tu lucha, que todas y todos seguiremos tu lucha y la de todas. Una manera de decirte hasta pronto, Perla, es con este poema de Ana María Rodas (Guatemala). Ella lo publicó en los años setenta, y se llama Poemas de la izquierda erótica:

“[…]Tengo hígado, estómago, dos ovarios, / una matriz, corazón y cerebro, más accesorios. / Todo funciona en orden, por lo tanto, / río, grito, insulto, lloro y hago el amor. / Y después lo cuento”.

 

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