Tejiendo redes de solidaridad

TEXTO: EQUIPO COMUNICACIÓN SOS RACISMO

Manifiesto de las Jornadas Antirracistas 2016

Celebramos un año más las Jornadas Antirracistas: una serie de actividades culturales y reivindicativas organizadas en el marco del Día Internacional contra la Discriminación Racial, que fue el pasado 21 de marzo, bajo el lema “Tejiendo Redes de Solidaridad”.

Y, por ello, queremos una vez más alzar la voz frente a la injusticia, pero… ¿cómo hacerlo, cuando hace ya tiempo que parece que nos han robado las palabras? Solidaridad, acogida, migrantes… son palabras cuya definición creíamos conocer, pero que los acontecimientos nos han arrebatado, para luego devolvérnoslas tergiversadas.

¿A dónde se fue la solidaridad? Esa “oleada de solidaridad”, de apoyo a la causa que movía a miles de personas a buscar refugio en Europa, a la que se sumaban Gobiernos europeos e instituciones comunitarias el pasado otoño, ha acabado en una dejación de responsabilidades, y en la aprobación de expulsiones masivas en condiciones que atentan contra el derecho de asilo. El derecho de asilo es tal vez la expresión jurídica más clara del concepto de solidaridad en el ámbito internacional, y, lejos de adaptarlo a nuevos retos (cambio climático, crisis alimentarias…), se está poniendo ahora en cuestión por la vía de los hechos. Pagamos para que nuestra solidaridad la ejerzan otros, lo cual es un absurdo, sin preocuparnos demasiado de saber lo que estos otros entienden por ser solidarios.

Y esa Europa, definida como “sociedad de acogida”, que ofrece hospitalidad al recién llegado… Acogida en el portal, sin llegar a recibirlo en casa, levantando muros y permitiendo la creación en Europa de campos a cielo abierto que reciben sobrenombres tan escalofriantes como “La Jungla”, y en los que hombres, mujeres y niños malviven en condiciones insalubres. Acogida con condiciones: con acceso restringido a la salud y a los derechos de participación ciudadana. Acogida temporal: con barreras al arraigo y a la reagrupación familiar que dificultan que el que llega se construya un proyecto de vida y se sienta parte de la sociedad que lo acoge. Acogida bajo sospecha: como la que sufre la población musulmana europea cuando el discurso dominante comparte con el ISIS una visión monocroma y violenta del Islam en su conjunto, contribuyendo a la islamofobia.

Y por último, cuando ciertas personas pronuncian las palabras “refugiado” o “migrante”, éstas también han cambiado su sentido. La persona refugiada ha pasado de ser un sujeto de derechos a una víctima sin voz: víctima del mal del que huye, pero también víctima de una acogida perversa. A la persona migrante se la criminaliza, se la declara culpable de un delito de trata contra sí misma, al permitir que sus pies se dirijan hacia Europa. Un delito con agravante: buscar una vida mejor.

Pero no podemos permitir que nos dejen sin voz y que nos roben las palabras, o que las cambien el sentido. Debemos recuperar esas palabras, como “solidaridad” o “acogida”, que siempre nos pertenecieron, y no abandonar la batalla de los argumentos y los principios en contra del discurso dominante. Recordemos la solidaridad de tantos colectivos que se movilizan en contra del racismo, la xenofobia y la islamofobia. Queremos destacar aquí, en lo local, la reciente creación de la Unión Contra el Fascismo y el Racismo, que se constituyó a finales del año pasado en Madrid, y de la que formamos parte. No menospreciemos la voluntad de acogida demostrada por iniciativas ciudadanas como Bienvenidos Refugiados y otras plataformas similares, que se esfuerzan en trabajar en favor de las personas refugiadas a pesar de la apatía, cuando no de la resistencia, institucional. Miremos con optimismo la fuerza creciente de la corriente de opinión en contra de los Centros de Internamiento de Extranjeros, uno de los focos de vulneración de derechos humanos más flagrantes en nuestro país. El trabajo en red está permitiendo que más y más municipios aprueben declaraciones en contra de los CIEs. Seguimos esperando, a este respecto, que el pleno del ayuntamiento de nuestra ciudad declare Madrid “Ciudad Libre de CIEs”, como ya ha sucedido en Barcelona o en Valencia.

Plantemos cara en la batalla del discurso, cuestionemos los lugares comunes, las visiones socialmente asumidas que generan el racismo más cotidiano, los micro-rracismos. Combatamos los estereotipos negativos en nuestro día a día: en los medios de comunicación, en el trabajo, e incluso, a veces, entre familiares y amigos. Permanezcamos atentos ante situaciones de discriminación y agresiones de carácter racista y xenófobo en nuestra sociedad; no olvidemos que se calcula que el 85% de las agresiones por delitos de odio no se denuncian. Aún tenemos mucho trabajo por delante.

Así pues, respaldados por la multitud de experiencias positivas de solidaridad, de acogida y de lucha en favor de los derechos que existen, debemos actuar en red frente a la involución en el respeto de los derechos humanos en Europa, frente a la inactividad de Gobiernos e instituciones y frente al aumento de actitudes racistas y xenófobas que, aunque en España no se han traducido en representación parlamentaria de fuerzas de ultraderecha, sí amenazan la convivencia. Frente a todo esto, y en contra de todas las decisiones políticas e institucionales que, por acción u omisión, están fomentando el racismo y la xenofobia.

Porque, como escribió Blas de Otero: “Escribo en defensa del reino del hombre y su justicia. Pido la paz y la palabra”.

No al racismo y a la xenofobia.

 

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