Que la placa no sea lápida


Heithor Beira.

Como activista del todavía vivo, aunque no mediático y por tal razón no masivo, movimiento 15M, me siento digno y reconocido por esa placa que el ayuntamiento de Madrid pretende dedicar a quien en parte le debe su actual composición con el mensaje “Dormíamos, despertamos”.

Lo cierto es que en el mismo equipo de gobierno de Ahora Madrid hay personas que participaron en la toma de Sol bajo la luna aquella noche del 17 de mayo, donde permanecimos durante tres semanas de formación política intensa para luego extendernos a los barrios, recogiendo y enriqueciendo otros movimientos, como fue el caso de la PAH, quizá el movimiento social no heredero del 15 de mayo, porque existía antes, pero sí el más afín y donde se está materializando eso que podríamos llamar “espíritu 15M”, mucho más que en las llamadas “candidaturas de unidad popular” y sobre todo en los “ayuntamientos del cambio”, un título demasiado pretencioso vistos los resultados prácticos, pero es lo que hay dentro del sistema contra el que levantamos campamento aquella madrugada de mayo de hace un lustro.

No pretendemos modificar el sistema, no queremos elegir cómo ser cocinados, sino cambiar el menú e incluso el tipo de establecimiento. Pero quiénes somos nosotros para dar consejos, que pretendíamos cambiar el mundo y ahora luchamos por nuestra propia supervivencia, no solo como movimiento, sino también como personas sometidas por este sistema depredador a un proceso de precarización que va a más pese a los cambios electorales.

Solo quiero recordar que el 15 de mayo no solo fue una manifestación o una ocupación puntual. En cualquier caso fueron ocupaciones, pues no solo se limitaron a Madrid, sino a las plazas centrales de las principales ciudades del país que no se estancaron allá. El activismo “quinceemero” enriquecería y haría nacer otros movimientos como la PAH, que aún evitan desahucios y continúan teniendo que enfrentar incluso a las nuevas autoridades municipales. Pero también formaron las Mareas en los centros de salud y de educación pública, o tantas otras contra el mismo proceso saqueador de lo público. Ahí están las Mareas Amarilla, Azul, Granate, Violeta, etc. No hay más que echar un vistazo a la 15mpedia para ver la historia del 15M contada por nosotros mismos. Ahí está la fuente principal de información para quien quiera conocer el origen de este movimiento que aún no ha muerto. Y si no les convencen tales ejemplos, quiero recordar que también estuvimos rodeando el Congreso o marchando a Madrid aquel 22M de la Dignidad.

Y ya que he mencionado al Congreso, dejadme recordar que no hemos entrado en dicha casa. Puede que muchos de los nuevos diputados estuviesen rodeándolo aquel 25 de septiembre, pero francamente, que yo sepa, el 15M nunca predicó la delegación ni el seguidismo fanático hacia un líder carismático y mediático.

Todavía recuerdo como en los principales medios “independientes” (de la ciudadanía), cuando entrevistaban a un autoproclamado portavoz, no líder, del 15M, salían voces dentro de las asambleas que llegaban a tales medios recordando que tal movimiento no tenía ni tiene líderes, sino asambleas, grupos de trabajo, colectivos, comisiones, etc. Y desautorizaban al pelele elegido por tales medios para ponernos cara y así buscarle los trapos sucios para denigrar a un movimiento que siguen sin entender. De hecho debe de estar pasando exactamente lo mismo en Francia, donde, pese al estado de alarma decretado por las autoridades, los ciudadanos han tomado calles y plazas contra la reforma laboral a la española que trata de imponer un Gobierno autodenominado socialista.

Pero no nos distanciemos del objeto de este texto, escrito no tanto desde la indignación, pues me parece normal que el movimiento sea reconocido con una placa, que por cierto se niega a colocar la presidenta de la Comunidad en la sede del Gobierno. Se ve que solo se pueden colgar carteles y retratos de golpistas de otras latitudes
Lo cierto es que el 15M ya no es mediático, y de ello no solo nosotros somos los responsables, y quizá por ello tampoco llenamos las plazas, ni siquiera en los aniversarios, pues ahora están en otra las gentes, anestesiadas o excesivamente precarizadas por la crisis que nos han impuesto y ante la que nos estamos resignando. Es la nueva realidad, la de siempre, y parece que también en política, dado que la vía electoral vuelve a ser la única vía de cambio posible, con todas las limitaciones que eso supone. Y ojo, no me parece mal, solo que quiero recordar que la democracia no consiste en votar un día cada cuatro años y ya: hay que hacer algo más los restantes días que vaya más allá de preparar la campaña electoral a esas nuevas candidaturas que no son herederas directas del 15M. Este movimiento, independientemente de que cada persona que lo integre vote o no, continúa siendo apartidista, y ésta es su principal fuerza y también su debilidad.

Con esta placa quizá traten de darnos por finiquitados y consideren que solo sirva ya la vía institucional para cambiar las cosas, y no tengan sentido las asambleas y grupos de trabajo. Nada nuevo bajo el sol, pero dudo que encuentre el Ayuntamiento a ningún “representante” que sea considerado como tal por las asambleas y grupos de trabajo del 15M, que todavía seguimos activos e indignados en las calles.

Y es exactamente por esta razón que no precisemos ser recordados con una placa, porque todavía no han acabado con nosotros. Solo nos ignoran y denigran, pero eso no significa que hayamos muerto; de hecho este medio que tienes en tus manos es una prueba de vida irrefutable de nuestra existencia, que tiene como soporte a las 20 asambleas y grupos de trabajo que aún resisten a los cantos de sirena de la participación institucional. “Dormíamos, despertamos”… ¡Seguimos!

 

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