Preparadas, listas, ¡ya!

 

Ilustración: ENEKO

Berta González

Un año más vamos hacia el 25 de noviembre, cargadas de energía para revindicar una lucha contra la violencia de género, la violencia que se ejerce contra nosotras, las mujeres, solo por ser eso, mujeres. Hemos sido y seguimos siendo ninguneadas, ignoradas, vilipendiadas cada día en el trabajo, el autobús, la compra, las redes sociales.

Hay tantas maneras de luchar contra la violencia de género como personas involucradas y concienciadas en hacerlo y no hay razón para dejar de hacerlo: cambiar nuestra forma de hablar, escribir, expresarnos y pensar para hacerla más inclusiva, denunciar cada acto violento para sacarlo de la normalidad en la que los colocamos, reinvindicar las figuras femeninas que han quedado y siguen quedando relegadas al olvido mediático cada día, ayudar a las víctimas de la violencia, concienciar a la sociedad de la necesidad de repensar la maternidad y las cargas familiares… Cada persona hace todo lo que está en su mano, eso es evidente.

Montaremos actos reivindicativos en nuestras asambleas y en nuestros barrios. Los carteles ya están preparados, las consignas pensadas, los eslóganes pintados. Posiblemente nos colocaremos un lazo en la solapa del abrigo y asistiremos ansiosas y fortalecidas por la emoción de la reinvindicación colectiva, por la energía que da el grupo y la sororidad, el verse rodeada de personas que comparten el grito.

Haremos algún cine­fórum, debate previo, para ir calentando motores los días de antes. Invitaremos a otras asambleas, haremos planes de por dónde puede continuar nuestro camino. Enterevistaremos a abogadas especialistas en violencia de género, retomaremos estudios universitarios para llegar con las reflexiones bien frescas y las respuestas en la punta de la lengua, pues tenemos muy claro el objetivo. Pediremos que la parte activa de la lucha no la tenga que hacer solo la víctima denunciando, sino sobre todo la sociedad, que debe castigar al victimario, dejándolo marginado.

Tras un día de reivindicaciones, manifestación y actos oficiales incluidos, volveremos a casa, agotadas pero contentas tras el recuento de las personas que han asistido y los datos que respaldan que, de alguna manera, la conciencia de que la violencia de género existe y nos perjudica a la sociedad como conjunto ha aumentado: ha habido más denuncias, también en parlamentos e instituciones, también en el mundo del cine y de la música, las mujeres han decidido no callarse y parece que es algo imparable.

Cansadas, nos sentaremos en el sofá frente a la televisión. Mientras nos estemos quitando las botas y frotando los pies doloridos, la película que estarán poniendo en horario de máxima audiencia nos regalará una bella imagen para acabar el día: una mujer sin nombre, mero objeto televisivo, que cae embelesada ante la mirada babosa del protagonista, que, sin dudarlo, tendrá relaciones sexuales con ella, sin que ella haya tenido opción de decir si quiere o no, pues posiblemente no lleguemos a oír ninguna frase coherente de su boca.

En ese momento tendremos que ser fuertes, un poco más en un día extenuante, pues tendremos que pensar que la batalla sigue el día siguiente y todos los demás, aunque las instituciones no se comprometan con nosotras y ya hayan quitado los lazos de sus fachadas. No nos desa­nimenos, todo lo contrario. Si hemos logrado llegar hasta aquí, hasta darnos cuenta de que eso es violencia de género, como tantos otros ejemplos, es porque hemos trabajado duro y seguiremos haciéndolo, para que la lucha contra la violencia de género no quede restringida a un único día en el que los medios se acuerden de nosotras.

 

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