No la llaméis ‘huelga’, llamadla X

PATRICIA SÁNCHEZ

Cuando hay una convocatoria de huelga siempre te preguntas cuál va a ser el motivo esta vez. Como mujer y como trabajadora, soy consciente de que motivos nos sobran.

En esta ocasión es una huelga feminista, y todo empieza a bullir en tu interior. Es inevitable sentir que el deber te llama, y empiezas a sopesar los riesgos que entraña hacer una huelga, pero claro, ya empezamos mal, porque el concepto de huelga para una trabajadora (o un trabajador) ha de ser algo más profundo y serio de lo que se está concibiendo en esta convocatoria.

Parece que se nos olvida que el 8M es el día de la mujer trabajadora, porque tenemos que conjugar esas dos condiciones, la de género y la de clase social. No solo somos mujeres, también somos trabajadoras y tenemos la responsabilidad de no tener un concepto de huelga tan frívolo. La huelga es una herramienta que todo ser humano debe usar cuando la precariedad y el capitalismo te muerde los pasos, que siempre van a ser por caminos más arduos y pedregosos siendo mujeres, ya que nos cuesta más abrirnos paso por el hecho de serlo.

La precariedad tiene muchas caras y no solo es una cuestión económica. Nos pagan menos que a los hombres y nos dan los trabajos que se consideran de tradición femenina, y si tenemos dudas de esto, peguntadle a una Kelly cuántos hombres hay haciendo habitaciones. Alguno hay, pero muy pocos, y por lo general cobran más.

Se nos dificulta el acceso a puestos de mayor relevancia jerárquica, castigando la maternidad, y a la vez castigando el aborto. A las primeras, porque se les atribuye una necesidad de conciliación familiar mayor que la de los hombres, y a las segundas, por considerar la decisión propia de mujeres frías, inmorales y vacías. Nuestro ascenso por los procesos selectivos para conseguir un puesto de trabajo es más duro que para los hombres. A ellos no les preguntan si tienen hijos o tienen intención de tenerlos, ni tampoco se les exige que queden dentro de un canon de belleza opresor.

Como vemos, motivos para una huelga feminista hay, y es por ello que no hay que tomarlo a la ligera. Me hubiese gustado ver, dentro de la huelga laboral, una reivindicación más concreta, como por ejemplo la eliminación de indumentaria laboral sexista, entre otras, ya que no todas las reivindicaciones han de basarse en cuestiones económicas. Las pocas razones que dan las convocantes de la huelga en el plano laboral son demasiado vagas y no creo que sean suficientes como para exponerme al paro por secundar la huelga (no nos engañemos: no solo nos arriesgamos a perder un día de sueldo). Me expondría encantada si hubiese visto claro un objetivo a conseguir, al menos en el ámbito laboral.

Las razones para una huelga laboral recogidas en el argumentario parecen redactadas por un grupo de mujeres que no padecen las consecuencias de la precariedad, ni se ven sometidas al agravamiento añadido que supone ser consciente de que la correlación de fuerzas no se inclina a tu favor. Es muy fácil plantearse una huelga cuando la frustración no se apodera de ti; cuando no eres la fuente principal, o incluso la única, de los ingresos de tu casa; cuando eres liberada sindical, funcionaria o carguete en alguna institución.

Con esto no llamo a la desmovilización ni mucho menos, de hecho quiero agradecer a quienes secunden la huelga, pero creo que las convocantes no han valorado el riesgo a correr por parte de la mayoría de las trabajadoras y no han tenido en cuenta que cuando a la precariedad le sigue el paro se agrava todavía más la vulnerabilidad en la que nos encontramos la mayoría de las trabajadoras, y no por ello somos menos conscientes de la necesidad de organización y lucha que tenemos por delante. Por esta razón nos disgusta que nos den consejitos del tipo “en caso de no poder hacer la huelga…”. Apesta a paternalismo y prepotencia.

Es una actitud ofensiva y errónea pensar que tenemos mucho más por lo que luchar siendo mujeres que siendo trabajadoras, ¿o es que acaso no se han preguntado qué pueden tener en común con mujeres como Esperanza Aguirre? En mi caso solo compartimos el género, para mi infortunio.

El 8M debe ser día de reivindicación, pero más allá del símbolo, tenemos que crear una conciencia colectiva de mujeres trabajadoras comprometidas, y tenemos que educar a los hombres para que la sociedad cambie de verdad. De nada me sirve que el 8M hagamos que el compañero o el padre coja el teléfono o vaya al mercado (ese día, señores, preparen las carteras: en cualquier tienda que pueda usted ir con los presupuestos de un precario no va a encontrar a una mujer que no esté explotada); me servirá cuando los hombres interioricen que atender a nuestros mayores, a los hijos o las tareas domesticas es una tarea conjunta, y que debemos tener las mismas oportunidades con el mismo criterio todas las personas, hombres o mujeres.

Me hubiese encantado poder tener otra opinión ante un hecho tan importante para las mujeres trabajadoras, pero tras leer el manifiesto y argumentario de las convocantes de esta huelga he sacado en claro que no hay nada peor que perder el contacto con la realidad a la que nos enfrentamos las mujeres de clase trabajadora. Y es que hay que distinguir entre las reivindicaciones, acciones, manifestaciones y la huelga.

Abracemos el feminismo desde el respeto a la transversalidad y la toma de realidad de la precariedad como fenómeno que se está normalizando como consecuencia de un sistema económico, político y social que desfavorece a la clase trabajadora, donde quien más la padece somos nosotras.

 

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