Lo que viene en 2018: La lucha contra la violencia machista ha de seguir

Adolfo Luján

ALBA PÉREZ / PLATAFORMA 7N CONTRA LAS VIOLENCIAS MACHISTAS

En 2017 han tenido lugar tres acontecimientos que marcarán nuestra agenda para 2018: el Pacto de Estado contra la Violencia Machista, el caso de Juana Rivas y el juicio por la violación de los sanfermines.

A estos acontecimientos, el movimiento feminista ha respondido de una forma fuerte y unida; no hemos cejado ni un momento en denunciar la responsabilidad del Estado y de los poderes públicos en garantizar nuestro derecho a vivir una vida libre de violencia.

Del Pacto de Estado nos decepcionó que gran parte de las medidas están destinadas a aplicar las leyes en vigor y deja fuera nuestras principales reivindicaciones, lo que nos hace mantener la misma agenda; hay un mal reparto del aumento presupuestario, que además será papel mojado si no se termina aplicando para 2018; la participación de las organizaciones de mujeres sigue siendo escasa; este pacto no se pronuncia sobre la custodia compartida impuesta, que es una forma de violencia psicológica hacia las mujeres, y mientras está en marcha un proyecto de ley que plantea aplicarla de forma preferente, aún sin petición de ninguno de los progenitores; y se sigue limitando el concepto de violencia machista al que hace la actual Ley Integral, la que se produce en el marco de las relaciones de pareja, ex-pareja, o de análoga afectividad, por lo tanto las víctimas que salgan de ese marco tendrán una menor protección.

Cabe decir que, mientras se aprobaba el pacto, se dictaba la orden de que Juana Rivas entregase a sus hijos, un duro contraste con la realidad. Y es que el caso de Juana es paradigmático: no se quiere entender que un maltratador no puede ser un buen padre y que los hijos de las mujeres víctimas de violencia machista son víctimas directas.

En el caso de Juana hay que hablar de violencia institucional, pues está plagado de mala praxis de jueces y magistrados que no han velado por el interés superior del menor en las resoluciones judiciales y que, como consecuencia del desconocimiento de nuestras leyes nacionales e internacionales, no han aplicado los mecanismos de que dispone nuestro ordenamiento para la protección de Juana y sus hijos. Así, se ha violado gravemente su derecho a la tutela judicial efectiva, y se ha generado una situación de indefensión a ella y sus hijos intolerable en nuestro Estado de derecho.

La carencia gravísima del pacto es que no se recoge en él la violencia sexual, y esta es una gran oportunidad perdida en un país donde tres mujeres denuncian al día una violación. En el juicio de los sanfermines, la víctima no ha estado amparada por el artículo 19 de la Ley Integral, y muchas seguirán sin estarlo.

La violencia sexual es violencia machista. La violación es la punta del iceberg de todo lo que la cultura de la violación oculta, el acoso y los abusos que las mujeres hemos sufrido y sufrimos a diario en todos los ámbitos; abusos silenciados, abusos impunes.

El foco de atención debe ponerse de una vez sobre los culpables, cuestionándolos y juzgándolos a ellos, pero vemos cómo muchas campañas de prevención siguen estando dirigidas a la mujer. Que no vayan dirigidas a los hombres como responsables de estos abusos parece intencionado y demuestra el desinterés en asumir la responsabilidad de erradicar la violencia sexual.

Lo que se mantiene en la sociedad, se refleja en la justicia. Si una mujer denuncia y es cuestionada constantemente, se la sitúa en un proceso de revictimización. Y es que es cuestionada antes; durante, si no se comportó como una heroína; e incluso después, como hemos visto cuando se presentaba y admitía como prueba el informe de un detective privado contratado por uno de los denunciados sobre la vida de la víctima posterior a los hechos.

La violencia que se ejerce contra las mujeres intenta siempre ser justificada, ocultada y normalizada. Por eso, esperamos la condena judicial de la violación de los sanfermines y exigimos la condena social de la violencia sexual en todas sus manifestaciones. Porque la historia de la impunidad tiene que acabar.

 

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