Libertad para los catorce del 15

Foto: Álvaro Minguito

Asamblea antirrepresiva de Lavapiés

¿Recuerdas aquel 15 de mayo de 2011? Da igual lo que estuvieses haciendo ese día, pero seguro que recuerdas lo que vino después; es posible que de alguna forma te traspasase o te alterase, o quizás solo te aburrió, pero casi es seguro que no te resultó indiferente.

Aquella fue una manifestación atípica. Atípica porque consiguió aglutinar un gran número de sensibilidades, no tanto porque sus lemas fuesen unánimemente compartidos, sino porque mucha gente necesitaba en ese momento salir a la calle a expresar sus demandas, sus quejas o su rabia. Atípica porque unas cuantas personas decidieron acampar aquella primera noche en Sol en solidaridad con las personas detenidas, pasmoso gesto de solidaridad cuando nos decían que la atomización social era ya norma universal. Atípica porque a ellas se unieron en los días posteriores miles en Sol y en cientos de plazas de todo el mundo. Atípica porque sus consecuencias, jamás previstas por nadie, aún hoy, de alguna forma, agitan las aguas.

De las veinticuatro personas detenidas aquel día, hay catorce que se enfrentan ahora a penas de cárcel que oscilan entre uno y seis años (74 años en total). Lo desproporcionado de las penas que solicita la fiscalía (sentarse en la Gran Vía y cortar el tráfico acarrea un año y medio de prisión) es la prueba más evidente de que los poderes político, judicial y policial quieren castigar ejemplarmente no tanto a estas personas concretas o los hechos ocurridos ese día, como aquello de lo que fueron (en cierto modo) desencadenante. Se exige una condena colectiva de ese intolerable movimiento que no era tal, que carecía de líderes, que se expresaba en las plazas y que no tenía unas demandas concretas, sino, fundamentalmente, unas prácticas de autogestión y horizontales. Una vez más no se juzgan hechos, se juzgan gestos intolerables, y el ejercicio de la libertad pública y política es hoy uno de los más execrables crímenes. Se quiere castigar simbólicamente esa terrible osadía de tomar las calles, de devolver la política a la plaza pública. Se quiere castigar esa terrible osadía de entender que nuestros problemas son comunes y plantearlos de ese modo para tratar de resolverlos en colectivo.

Pronto se juzgará a estas catorce personas. Poco importan quiénes son: fueron ellas como podía haber sido cualquiera. Defenderlas es defender la legitimidad de la protesta. Defenderlas es defendernos colectivamente. Defenderlas es plantar cara a esta oleada represiva generalizada y global.

Libertad para los catorce del 15M.

¡Nos tocan a una, nos tocan a todas!

 

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