La salud será comunitaria o no será

África Gómez Lucena / Foro de Movimientos Sociales de Madrid

Siendo la salud un concepto amplio, quisiera detenerme en algunas variables que pueden aumentar la vulnerabilidad de las personas respecto a ella.

La edad, la infancia y la adolescencia son claves para una buena intervención en salud: tabaquismo, adicciones, educación sexual, etc. Las personas mayores son otro grupo especialmente vulnerable. Tetuán es un barrio con una población muy envejecida: de edad igual o mayor de 85 años hay un 6,93% (en la CAM, el 4,20%). Hay muchas mujeres mayores viviendo solas, con el agravante de que no han cotizado o lo hicieron parcialmente y se encuentran con pensiones muy bajas. Están en riesgo de pobreza extrema.

Desde una perspectiva de género, existe para las mujeres discriminación en el ámbito laboral, económica, en el reparto de tareas domésticas, etc., que inciden en su salud directa o indirectamente. La violencia de género (VG) está presente en nuestras sociedades como imaginario social y cultural. La salud de niñas y mujeres se ve mermada cuando la sufren directa o indirectamente, existiendo escasos medios para promoción de la igualdad y para tratamientos cuando se ha sufrido VG.

Desde 2005 se viene utilizando la denominación de “diversidad funcional” para sustituir los términos “discapacidad” o “minusvalía”, personas que por enfermedad, accidentes, etc., ven mermadas sus capacidades. Pero significa un paso más, el reconocimiento de que todas las personas a lo largo de la vida vamos cambiando de funcionalidad (por la edad, etc.) y que a nivel social existimos personas con diferentes capacidades/funcionalidades. Precisa de que se valoren sus necesidades específicas.

Las personas migrantes ven aumentada su vulnerabilidad al no serles reconocidos sus derechos en igualdad de condiciones que al resto de la población (tarjeta sanitaria…).

La buena salud tiene mucho que ver con la prevención, con hábitos saludables, con la “buena vida”. Hacen falta medios y educación sanitaria, muy relacionados con las condiciones socioeconómicas: conocimientos, formación, tiempo, espacios saludables de trabajo, de vida, de ocio, etc. Especial incidencia tienen: salud medioambiental, el aire que respiramos, ciudades saludables y prevención de accidentes; salud habitacional, energética, muy relacionada con el empleo/medios económicos; la ruptura de las relaciones de vecindad, la soledad, que repercuten en el aislamiento de las personas mayores; salud alimentaria, etiquetados, aditivos, conservantes, pesticidas, etc.

Los tratados de libre comercio que pretenden firmarse aumentarán las diferencias socioeconómicas en relación a la salud, y lo que es aún más importante, a la viabilidad del propio sistema de sanidad pública con cobertura universal.

El SNS está perdiendo sus señas de identidad

El 30-40% del gasto farmacéutico actual podría evitarse y destinarse a otras intervenciones en salud. Entre todas las CC AA, Madrid queda entre las deficientes en servicios sanitarios. Casi la mitad del gasto sanitario público va a la privada.

En 2015, en España, 1,8 millones de personas no pudieron comprar los medicamentos que les habían sido recetados en la sanidad pública. Un 20,39%, pensonistas; 25,9%, paradas. De 2009 a 2014 el presupuesto sanitario fue disminuyendo hasta casi un 8%.

Con la crisis económica está aumentando la mortalidad por cáncer. La disminución de recursos destinados a sanidad hace que se retarden los diagnósticos y también que aumenten los errores y las complicaciones imprevistas. Desde 2006 se viene observando un incremento de ansiedad y depresión. La primera causa de ansiedad/depresión hoy es el desempleo; la segunda, las dificultades para pagar la hipoteca/amenaza de deshaucio. Éstas son las patologías más prevalentes en relación al suicidio.

Para el buen morir también influyen las condiciones sociales. No hay equidad si no existen unos servicios hospitalarios y en domicilio en iguales condiciones en todas las ciudades y distritos, que respeten la dignidad de la persona, su intimidad. La masificación de los hospitales no favorece espacios adecuados.

Es preciso avanzar hacia un modelo público de atención comunitaria en salud, procurar la inclusión social. La población debiera participar en la toma de decisiones sobre su salud y que esta participación fuese activa, que abarcase tanto medidas terapéuticas como de planificación y gestión de servicios.

También, en las demandas de Atención Primaria, aparecen problemas sociales que pueden ser confundidos con trastornos psicopatológicos, existiendo riesgo de medicalizar problemas de la vida cotidiana. El mejor factor protector es la red sociofamiliar efectiva.

La presión asistencial que se está ejerciendo sobre Atención Primaria (y por extensión, en toda la asistencia) empeora la situación. La accesibilidad, tiempos de espera para cita y consultas, soporte psicológico, la relación con el o la profesional, influyen en la salud y están íntimamente relacionados con los recursos humanos y materiales que se destinan a los servicios sanitarios. La solidaridad y la contestación social habrán de ir de la mano.

 

Este artículo es parte de un programa en Radio Almenara sobre desigualdades sociales y salud. Para oírlo: https://goo.gl/Msehs6

 

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