La lucha por la vida desde Sol

Ve-la luz

BERTA GONZÁLEZ

Las mujeres de la asociación Ve-la luz se retiran de la Puerta del Sol. Han estado un mes en huelga de hambre y raro es el medio de comunicación que no ha recogido su historia. Ha pasado de todo en estos días, sobre todo sorpresas: apoyos con los que no contaban y otros que nunca llegaron, gente que las ha rodeado y las ha ayudado, otra que ha tratado de adueñarse de su reivindicación.

No se van con las manos vacías, aunque los efectos físicos perdurarán: chicas y chicos jóvenes se han acercado a ellas, las han escuchado, han velado su sueño, las han apoyado y han aprendido muchísimo de la experiencia de su lucha. Sin sede, sin subvenciones, llevan años luchando en sus casas, en sus coches, por toda España.

Plantaron su chiringuito en la Puerta del Sol para lograr un pacto de Estado. Llevaban veinticinco puntos bajo el brazo en los que reclamaban humanidad, vida y dignidad para las mujeres víctimas de violencia de género, para sus hijos e hijas y otras personas que quedan fuera de la categoría de víctimas por no ser cónyuges o progenie de los maltratadores. La reivindicación es sencilla, sin embargo hay gente en política a la que le escuece: que se equipare a las víctimas con las del terrorismo, que se las ampare y que el Estado se haga cargo de todas estas personas de la misma manera.

Los veinticinco puntos están plasmados en unas hojas llenas de firmas de la gente que ha pasado por la Puerta del Sol. Pero no solo han servido para recoger firmas y que los partidos en el Congreso vean que la gente apoya a las mujeres de Ve-la luz. Estos veinticinco puntos sirven para que abramos los ojos a una realidad que no vemos, que nos ocultan: la pensión de orfandad en los casos de violencia de género no es del 100%, no está garantizado que las mujeres que denuncian sean tratadas por personal formado y especializado que las pueda ayudar, los maltratadores mantienen la custodia de las y los menores y se genera una dependencia económica, pues se trata la separación como un juicio más, no como juicios penales, y esto implica que las víctimas han de mediar con los agresores y que las y los menores deben declarar varias veces. Y éstos son solo algunos de los aspectos increíbles que señalan en sus veinticinco puntos.

Ellas han abierto los ojos a una sociedad que se contenta con la publicidad de “Hay salida”, mientras las mujeres que sobreviven van a casas de acogida donde lo único que las protege son los muros de la edificación, pues están en un régimen carcelario. Nadie se ha preocupado por darles herramientas para que dejen de ser víctimas, porque pasan de las manos de los maltratadores a las de un Estado que las tutela, como si ellas no tuvieran voluntad y dignidad, como si no fueran personas con plenas capacidades. El mismo Estado que finge poner el grito en el cielo cada vez que un maltratador asesina a una mujer es el que no hace campañas de rechazo de la violencia, que no invierte dinero, que retira policías. Pone una pulsera a estas mujeres para que tiemblen al saber que el maltratador está rompiendo el alejamiento: nadie vigila si ellos se acercan, son ellas las que han de dejar de hacer su vida y poner distancia cuando su pulsera indica la cercanía del verdugo.

Los partidos políticos se han adueñado una y otra vez de las reivindicaciones que se hacen desde la sociedad civil, se han puesto en estos años la medalla de la campaña que tocaba hacer, y nadie ha actuado de verdad. Solo han puesto parches, y cuando los han puesto. Si realmente quisieran actuar, habrían permitido esta vez que la comisión que ha trabajado en el Congreso pudiera sacar adelante los veinticinco puntos y la creación de un gabinete de crisis que ellas reclamaban, pero el Senado lo ha frenado. La intención de su huelga ha sido sensibilizar y dar voz a las mujeres y víctimas silenciadas, que se vea lo que está ocurriendo y que no son casos aislados. Quieren que la sociedad recupere la calle, que es donde hay que luchar. Su llamada es clara, no la dejemos escapar: que el sufrimiento y el esfuerzo de estas mujeres en la Puerta del Sol nos sirva de ejemplo para hacer nuestros sus veinticinco puntos y que de nuevo la política de las instituciones no se ponga una medalla por poner un parche en vez de resolver un problema estatal de muerte y sufrimiento.

 

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