HOMSEC, pulseras para un mundo feliz

FOTO: Marta Luengo

MARTA LUENGO

Entre los días 14 y 16 de marzo se celebró en Madrid HOMSEC, la feria de armamento auspiciada por los hermanos Cortina. El nombre oficial, Salón Interncional de Tecnologías en Seguridad y Defensa Nacional, entra en consonancia con la tradición de renombrar todo lo que tiene que ver con la guerra. De la misma forma que el Ministerio de la Guerra pasó a llamarse, dictador sanguinario mediante, Ministerio de Defensa Nacional, hoy pretende separarse la venta de armas de la extensión de la muerte y los conflictos bélicos por todo el mundo.

Pero… ¿de qué se habla en este tipo de salones? De ganar dinero, de negocios, ¿de qué si no? ¿Qué hay de malo en ganar dinero? ¿No son empresas las que allí se reúnen? ¿No venden bienes y servicios? Claro que sí: ametralladoras, munición, drones, vehículos blindados, trajes anti ataques químicos y un interminable etcétera que hace ciertamente sobrecogedor el paseo entre los stands.

Reuníanse en esta feria hombres de todos los Ejércitos con hombres de negocios de grandes y pequeñas empresas. Juntos por un mismo fin. ¿La patria? Por supuesto. “Pero si hay empresas de otros países (Austria, Francia, India…)”, dirán algunos para malmeter. Sin embargo, mis ojos vieron en esa feria la prueba más pura del auténtico patriotismo ibérico: entre tanques, drones y misiles, podía descubrirse, digno y humilde a un tiempo, el pequeño stand de pulseras con la bandera de España. De todos los colores pero con una única bandera, este tipo de pulseras son el símbolo realmente autorizado del ser español (no como el sobrevalorado pago de impuestos).

El mantra repetido en la feria nos precavía sobre la diferencia de estos productos con otros: no se trata de una mercancía cualquiera, no: los bienes de seguridad y defensa son bienes necesarios. “La seguridad es la base para el desarrollo de cualquier sociedad” decía Ana Victoria Suárez, directora de la feria. Idea que el promotor de esta feria y presidente del Grupo Atenea, José Luis Cortina, suele repetir: “Los ciudadanos, para vivir en libertad, requieren poder estar seguros”, por eso sus empresas están listas para colaborar con el Ejército y contribuir a la “promoción de una cultura para la seguridad”. HOMSEC está presidida por ese nuevo valor supremo vinculado a las empresas de la guerra y por el que se limitan nuestros derechos: la seguridad.

Muchos de los políticos y militares que se dieron cita en el evento no escatimaron la oportunidad de señalar la trascendencia del mismo para eso que llaman “Marca España” y que, además de con el turismo y la paella, resulta estar relacionado con las tecnologías de la guerra. Según José Antonio Nieto, secretario de Estado de Seguridad, la importancia de HOMSEC sencillamente radica en que ayuda a “nuestra mejora como país”. Otros sectores exportadores enmudecerán de envidia al saber que España es el séptimo país que más armas exporta. El sector armamentísitco mundial está, de hecho, en pleno crecimiento; lo cual, según las ideas de espacios como HOMSEC, significa un mundo cada vez más seguro, qué duda cabe.

España, como todo país exportador, vende armas a países en guerra, como Turquía o Arabia Saudí. Y es aquí donde el discurso de las empresas de armamento, Gobiernos y medios afines comienza a perder sentido. El cortocircuito que buscan provocar cuando separan la venta de armas de la muerte y sufrimiento de millones de personas vuelve a unirse: la ONU acaba de alertar de que vivimos la peor crisis humanitaria desde el final de una de las guerras más totales que vivió la humanidad, la Segunda Guerra Mundial. 20 millones de personas en Sudán del Sur, Somalia, Yemen y Nigeria pueden caer en una hambruna de dimensiones insostenibles. Son países en guerra.

Y al anterior dato se une a otro récord, el de los más de 65 millones de refugiados que hay actualmente. Sencillamente nunca ha habido tantos. Refugiados y muertos son el símbolo inequívoco del insoportable mundo que fomentan los intereses de los señores de la guerra que hace unos días se reunían en Madrid, comían jamón y llevaban pulseras con banderas.

 

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