Génova en Hamburgo

FOTO: Álvaro Minguito

Carmela Negrete / saltamos.net

“Bienvenidos al infierno” (“Welcome to hell”) era el llamado a la manifestación que el 6 de julio pretendía mostrar el enfado de miles de personas en contra de la cumbre de los jefes de Estado del grupo de los 20 países industrializados y emergentes, el conocido como “G20”. La llamada “cumbre de la solidaridad global” es un encuentro alternativo al oficial que se ha desarrollado desde el 4 de julio bajo el lema “solidaridad social en lugar del G20”.

Sin embargo, este encuentro ha sido torpedeado por las autoridades desde el primer momento. El punto culminante de la escalada de tensión tuvo lugar el 6 de julio por la tarde, en la manifestación cuyos asistentes la Policía cifró en unos 12.000. Frente a ellos, 20.000 policías antidisturbios, varios camiones con cañones de agua y un helicóptero. Poco después de comenzar esta gran marcha, las fuerzas del orden comenzaron a dispersar a los manifestantes con la excusa de que algunos de ellos llevaban la cara tapada, lo cual es ilegal en Alemania, y habrían lanzado objetos. Un acto que incluso medios oficiales como la radio pública Deutschlandfunk han calificado de irresponsable.

“Según el punto de vista de nuestro corresponsal Axel Schröder fue la Policía quien comenzó la violencia”, escriben en su web.

Según relatan los testigos en numerosos medios de comunicación (todos los medios alemanes grandes y pequeños han enviado a equipos de reporteros, que llevan en Hamburgo desde el 3 de julio), al parecer la Policía llevó a cabo una pinza con dos camiones de agua a presión, al tiempo que los agentes disolvían a las personas a base de porra y gas pimienta. La Policía pidió a los presentes que se dispersasen, pero las calles estaban llenas a rebosar y la propia manifestación estaba rodeada de miles de policías con armaduras, cascos y material antidisturbios. “Recordaba al Love Parade”, escribían testigos en Twitter. Y en los numerosos vídeos que han sido noticia en todos los telediarios se puede observar una masa de personas que corre despavorida por escaleras, atropellándose, mientras los chorros de agua generan aún más confusión. Aún se desconoce el número de heridos, pero algunos lo son de gravedad.

Según la versión de las fuerzas del Estado, alrededor de las ocho y cuarto, poco después de haber comenzado, los responsables del registro de la manifestación la dieron por terminada. Al parecer fueron tan solo unos 200 metros lo que se movió la manifestación hasta que la Policía la paró. Sin embargo, miles de personas continuaron manifestándose por todo Hamburgo hasta bien entrada la noche. El sindicato de periodistas Ver.di ya estaba sobre alerta de lo que podría ocurrir, y la semana anterior a la protesta repartió chalecos y gorras a los periodistas para que al menos fueran identificados por la Policía. Ello no salvó a algún periodista de ser objeto de una agresión gratuita, como demuestra un video compartido en Twitter.

En los vídeos puede verse que no pocos manifestantes llevaban a cuestas sus pertenencias en mochilas, ya que la Policía ha impedido acampar en la ciudad como estaba previsto. A pesar de que una sentencia declaraba la acampada como legal, la dirección de la Policía esgrimió el argumento de la falta de seguridad para impedirla. Tanto el 4 como el 5 de julio las personas que habían viajado hasta Hamburgo y que trataron de acampar fueron disueltas, siendo apaleadas por los agentes con porras y heridas por el gas pimienta. Un teatro, el Schauspielhaus, abrió sus puertas para permitir a algunos de ellos dormir en el interior. El equipo de fútbol St. Pauli puso su estadio a disposición de 200 personas para acampar asimismo, y algunas personas privadas cedieron los jardines de sus casas. También hubo iglesias que permitieron poner tiendas en sus jardines. Todo ello hace que muchos manifestantes ya estuvieran alterados por la falta de descanso desde antes de comenzar la manifestación.

FOTO: Álvaro Minguito

Descrédito para SDP y Die Grüne

A través de los vídeos compartidos en las redes sociales, se escuchaba a la gente gritar lemas clásicos en Alemania como “anticapitalistas”, “alerta antifascista” o “nosotros somos pacíficos, ¿qué sois vosotros?” (preguntando a la Policía). El comportamiento de la Policía de Hamburgo supone un gran descrédito para el gobierno de socialdemócratas del SPD y de los verdes Die Grüne, que gobiernan la ciudad en coalición. La portavoz de interior del partido Die Linke en el Parlamento Ulla Jelpke criticó la actuación policial. En declaraciones al periódico Junge Welt afirmó que “lo han provocado y han deseado la escalada”. El ambiente era pacífico en la manifestación, aseguraba la política que se encontraba en el lugar. “Si la Policía hubiera querido una noche pacífica, habría mirado para otro lado y habría dejado pasar la manifestación”, explicaba en relación a los manifestantes que al comienzo de la misma lanzaron alguna botella vacía y llevaban la cara cubierta. Los detenidos fueron llevados a unos contenedores portátiles que habían habilitado ya desde marzo, con capacidad para detener a 400 personas.

Varios coches fueron incendiados y en las calles parece ser que se vivió una auténtica batalla campal. Las imágenes de caos y violencia contrastan notablemente con la meticulosa organización del movimiento en contra del encuentro del G20. Decenas de talleres y encuentros para la reflexión organizados por los mas diversos grupos, partidos, sindicatos e iniciativas de la sociedad civil para debatir cuestiones fundamentales de la crisis del sistema en que vivimos y que no tendrán espacio en la cumbre de los jefes de Estado.

Destaca una interesante exposición con el nombre “museo del capitalismo” y el jueves 6 por la tarde tuvo lugar una protesta de zombis, una especie de teatro reivindicativo para despertar conciencias sobre la naturaleza de dicho sistema. Los activistas de la ONG Survival enviaron un mensaje al presidente indio, Modi, proyectando la foto de una mujer indígena sobre la fachada de la embajada india en Berlín, para denunciar que se está desplazando a pueblos indígenas para la construcción de una mina.

El movimiento está teniendo que hacer frente no solo a las formas brutales de represión, sino también a otras mas refinadas. El diario Junge Welt informaba de que varios ciudadanos italianos estaban siendo retenidos en el aeropuerto sin mayor motivo que su participación en la contracumbre. La Policía no indicó si aparecían en alguna base de datos, ni de dónde obtuvo la información para retener a dichas personas.

El pasado mayo se aprobó una nueva ley que endurece las penas por atentado contra la autoridad y agresión a agentes de Policía, una medida aprobada por la conservadora CDU y los socialistas del SPD que eleva hasta cinco años de cárcel las condenas por estos motivos. Desde su aprobación, los medios han comentado en numerosas ocasiones que la contracumbre del G20 sería el primer acontecimiento en el cual se experimentarían los efectos de la nueva ley ante los juicios posteriores a las eventuales detenciones.

Aunque no hay datos oficiales, el diario Hamburger Abendblatt estima que el coste de la cumbre para el erario público es de 130 millones de euros. Durante el jueves 6, la ciudad de Hamburgo estuvo paralizada y las diferentes manifestaciones bloquearon el tráfico, impidiendo a invitados al G20 llegar desde el aeropuerto al lugar de la conferencia durante horas. Éstas fueron las primeras de las tres protestas planeadas para el fin de semana. El sábado estaba prevista la mayor de ellas.

 

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