ESLA El Eko: 4 años después seguimos ‘haciendo Eko’

Foto: Asamblea del EKO

Texto: Asamblea del Eko

Cuando la calle está agitada, el orden significante que ordena eso que se llama “la tranquilidad social” se muestra inquieto, aunque tarda en establecer las medidas para amordazar los estados que se saltan las normas que no sirven sino para calcular lo inservible; es decir, aquello que no tiene vida y que contabiliza el mercado, la vida de uso, sin ideas nuevas, las cubre con el tiempo de una pátina de pesimismo.

Pero los barrios mueren de ese uso inservible, porque son los primeros que tiemblan por el mantenimiento a toda costa de las costumbres burguesas y sus amancebamientos. Alimentos para miradas esquivas, que no hacen vecindario, cárceles interiores, con su charquito de agua, que recluyen a la gente en el sofá, lejos de la miseria y la fiesta popular.

La raya que corta el orden y arma otro esquema no es fácil de trazar. Siempre que uno piensa en cómo esas formas-corsés del capital: mercancía, valor, propiedad, fetichismo, etc., quedan prendidas en cada uno de nosotros, y cómo se resuelve otro modo de hacer más social, más colectivo, se han de pensar espacios que incluso reman en contra de uno mismo, precisamente porque lo real de cada uno ha sido contaminado de la vida burguesa, y de la calma chicha, incluso cuando los vientos soplan fuertes para una masa no menor, que queda fuera del cálculo del beneficio.

En el Eko se acordó desde un principio que no hablaran las siglas, pero sí las experiencias; así se evitó que hablaran los partidos como herederos de estructuras que comparten una relación con el poder, pero eso sí, dejando abierta cualquier decisión de la asamblea a cualquier deriva que excluyera, pues las cosas rígidas se acaban convirtiendo en obstáculos para la suma de experiencias, de vida y de lucha.

Así la asamblea vino a cubrir en el Eko eso que la ideología pinta con una película de silencio y razón pura. El aislamiento es peligroso, por ello a través de experiencia de diferentes compañeros y compañeras aprendimos de esas experiencias de coraje, bien a través de documentos fílmicos y testimonios, bien a través de charlas que van conformando un tejido de riqueza olvidada. Pero también esos grupos de lectura sin ninguna búsqueda de prestigio van haciendo una textura de conversación que uno se lleva a casa, para que el resguardo de la voracidad de la mirada y de la palabra perpetua sea más amable en el retiro necesario.

Uno se lleva su poso. Y son esos residuos que a uno le quedan los que van haciendo las ganas de sostener un espacio lúdico-cultural y social, muchas veces con una militancia más intermitente de lo que uno desearía, pero también necesaria para que al final uno no le pegue al otro con su activismo en la cabeza. Aun así es de agradecer ese corpus de compañeros que se mantiene con unas ganas de hacer que nos devuelven otra vez a la actividad a los que hemos peregrinado hacia afuera.

Y como reza la canción, “4 años no son nada” —¿o eran 20?—, y qué febril son nuestras miradas; cuánto hemos aprendido en este casi lustro, no solo de autogestión, de lucha o de horizontalidad —que también—, sino de compartir, de apoyar y sentirse apoyado, que el refrán está equivocado y es “mejor estar mal acompañado que solo”, y si como es el caso, se trata de buena compañía, todo un lujo y un placer construir y okupar esto que llamamos Eko.

También se ha pensado eso de la propiedad que se frustra cuando el orden decide qué hacer con la cosa muerta que dejó ocupar —okupar—, mientras tanto se vuelven claras las bibliotecas virtuales, los intercambios, las acciones, los conciertos en los oídos, las cervecitas, las comidas —eso sí, vegetarianas o veganas, pero muy ricas—… la escucha al margen del espectáculo.

Y quién sabe: todas esas letras que uno se ha llevado, y que mitiga una frase que reza en la pared de la biblioteca del Eko: “Lee mucho y no te creas nada”, y que nos salva de la fe…

Be Sociable, Share!