Es agotador

Eliezer Sánchez / Disopress

Disopress

Es agotador. Viernes 5 de febrero del año 2016. Abres Twitter y lees: “Acaban de detener a dos titiriteros por mostrar una pancarta con las palabras ‘GORA ALKA-ETA’ en un espectáculo celebrado en el barrio de Tetuán”. Los acusan de enaltecimiento del terrorismo, los mandan a prisión provisional sin fianza… ¡Venga ya!… Y sigues leyendo acompañado de ese sentimiento mezcla de perplejidad, indignación y rabia con el que ya vives desde hace varios años, incluso décadas. Es agotador. Es agotador porque hace unas semanas estuviste en el cementerio de Guadalajara para hacer unas fotos al momento de la exhumación de los restos del padre de Asunción Mendieta, momento que esa encantadora anciana lleva toda la vida esperando. Es agotador, sí, lo es. Pero pasas allí toda la mañana dejándote llevar por la magia de una mujer luchadora, que ha tenido que ir a la mismísima Argentina para que una jueza le haga caso, porque aquí la memoria está mal vista. Es agotador, piensas, mientras echas cuentas de cómo vas a pagar este mes el alquiler, porque con los currillos que compaginas con esto no te da.

Es agotador, porque tres días antes de la exhumación fuiste a las puertas del juzgado donde iban a juzgar al fotoperiodista Raúl Capín por atentado a la autoridad. Es agotador, porque sabes que en cualquier momento ése podrías ser tú. Solo por hacer tu trabajo, solo por reflejar lo que ocurre en las calles, solo por cumplir un servicio público: informar. Es agotador. Realmente. Y cada vez que llegas a casa, con la cámara llena de instantáneas, con las piernas cansadas de recorrer de principio a fin la manifestación del día, te asalta la duda de si esta vez habrá un sobre para ti, no de esos que reparten en las sedes del PP, sino de los que llevan regalos en forma de multas de 600 euros. Esta vez no, por suerte; quizás mañana.

Y cometes el error de encender la tele, para tirarte en el sofá y descansar. Y entonces, vuelve a ti ese sentimiento, sí, agotador. Imágenes de niños ahogados, playas llenas de chalecos “salvavidas”, colas de personas agolpadas en las vallas, policías lanzando gas lacrimógeno, trenes y autobuses a reventar. Y los políticos, con su dolor hipócrita, se reparten las cuotas como quien subasta el pescado en la lonja. Es agotador. Algunos de tus compañeros están allí, en Lesbos o en la frontera con Macedonia, retratando lo que pasa, testigos de esta vergüenza. Y piensas: “a ver si ahorro un poco y puedo ir allí algunos días”. Hay que seguir contándolo, ni la foto veinte mil es suficiente.

Es agotador, porque hace unos meses, el 29 de octubre, estuviste fotografiando una manifestación a la que acudió poca gente, para solidarizarse con la llamada “segunda fase de la Operación Pandora”. En esos días, la Audiencia Nacional había acusado a nueve personas por delitos de organización criminal con finalidad terrorista. Tras horas de registros en locales y domicilios, los mossos logran incautar armas tan peligrosas como panfletos y libros de pensamiento anarquista y algún petardo o bengala. Eso sí, para los grandes medios de comunicación propiedad de los poderosos, la Operación Pandora es “terrorismo”, sin ni siquiera merecer el apelativo jurídico de “presunto”. Agotador, sí, con todas las letras.

Y echas la vista atrás, y te acuerdas de Alfon. Te acuerdas de las decenas de desahucios y de encierros en oficinas de algún banco, interminables horas preguntándote a cuántos de los que te rodean, los “imparables”, sacarán con sus cuatro extremidades sostenidas por un policía, a cuántos de ellos caerá alguna acusación o multa, a cuántos de ellos golpearán y magullarán el cuerpo, pero nunca el alma. Te acuerdas, sí, y te sientes algo menos cansado. A pesar de que tienes la sensación de que nada ha cambiado, de que tanto esfuerzo se ha traducido en bastante poco y de que cada vez queda menos gente en las calles. Pero te preguntas, ¿y si no hubieran luchado tanto? ¿Qué sería de nosotros si ellos, si nosotros, no hubiesen luchado tanto?.

A todos ellos, gracias. A los titiriteros, a los que paran desahucios, a los que dedican su tiempo libre a manifestarse, a organizarse, a pensar en otro mundo posible. A los que aguantan en las huelgas, a los que han estado acampados frente a su fábrica haciendo que el color rojo vuelva a tener su auténtico significado. A los que acogen a los refugiados en sus casas y comparten con ellos su comida. A los que han pensado que lo mejor era entrar en las instituciones, a los que piensan que hay que seguir llenando las plazas. A las que defienden que su cuerpo es suyo, a las que no aceptan el terrorismo machista. Allí donde sigáis luchando, allí esperamos estar.

 

Be Sociable, Share!