El color de la frontera sur

Un inmigrante subsahariano es descolgado de la valla por agentes de la guardia civil en Melilla. FOTO: Antonio Ruiz

Cristina García de Andoin Martín. ONGI ETORRI ERREFUXIATUAK

Existe una zona en la frontera sur de Europa que, de tan próxima, se diría que nos falta la perspectiva suficiente para verla en toda su dimensión y color. Sin embargo está ahí, negra y luminosa, alumbrada por el sol, alumbrada de hijas e hijos no deseados, de embarazos violentos, alambrada por cuchillas de concertinas. Es la zona cero de la frontera sur que se extiende desde el Egeo al estrecho de Gibraltar. El negro es el color de quienes no pasan de la raya, de quienes tienen que saltar la valla más alta, de quienes probaron primero el dolor del desgarro y la experiencia de navegar en el estrecho cauce de las políticas migratorias y de asilo europeas.

La frontera de Ceuta y Melilla es la zona cero en materia de derechos humanos, una afirmación que se justifica por el grado de violencia que soporta, junto con la circunstancia de ser el molde elegido por Europa para replicar las piezas con las que construir su fortaleza a lo largo de toda su frontera. Es una frontera porosa a los intereses de los Gobiernos español y marroquí, donde se utiliza a las personas como moneda de cambio en función de intereses geopolíticos. Algunos analistas relacionan el último repunte de entradas con el fallo de la Corte de Justicia afirmando que el Sáhara Occidental no forma parte de Marruecos.

En 2016, solo 14.128 personas accedieron a Europa por esta zona, la mayoría era de origen sirio. Las oficinas de asilo creadas en 2015 en Ceuta y Melilla son inaccesibles para las personas de África subsahariana y cada vez más para las personas sirias y palestinas. Como muestra el Balance Migratorio Frontera Sur 2016 de APDHA (Asociación Pro Derechos Humanos de Andalucía) las políticas migratorias se han convertido en una máquina de generar sufrimiento, provocar muertes y violar sistemáticamente los derechos humanos de las personas migrantes y que buscan refugio. Sus datos han contabilizado 295 muertes y desapariciones en 2016, una cifra que se ha incrementado un 125% en los dos últimos años y que implica una mayor mortalidad relativa en los tránsitos con respecto al total europeo. Aun así, la zona geográfica con mayor mortalidad es el Sáhara, que suma 133 de las 295, un área del que apenas existen estimaciones de cifras, pero que pone en evidencia que, además de en el mar, a las personas en busca de refugio también se las deja morir en el desierto.

Los Gobiernos de la UE, incluido el español, están practicando tanatopolíticas migratorias, ya que, como afirma la catedrática de Trabajo Social Mª Jose Aguilar Idáñez, “si no matan directamente, como sí ocurrió en la playa del Tarajal de Ceuta, dejan morir a las personas, haciendo omisión de socorro, devoluciones en caliente o deportando en vuelos ilegales.”

Otros ejemplos de estas prácticas son el encierro en Centros de Internamiento de Extranjeros (CIE) de personas que no han cometido ningún delito, el abandono de menores en las calles de Melilla, el generar discursos racistas y xenófobos, externalizar fronteras y crear centros de detención en terceros países como Mauritania o Libia, la firma de acuerdos ilegales para llevar a cabo deportaciones masivas como en el caso de Turquía y Marruecos, incumplir los compromisos de acogida, desviar fondos de cooperación al desarrollo al control y la militarización de las fronteras, entre otros.

El bloqueo y el negocio de la seguridad en las fronteras ha convertido el tránsito en una nueva forma de violencia y no está consiguiendo la inmigración legal y ordenada que pretende, sino todo lo contrario. Sin embargo, nos supone un gasto importante a toda la ciudadanía del que se benefician, eso sí, empresas de seguridad y defensa españolas, que están liderando el negocio de la seguridad fronteriza en la UE.

El conflicto armado, el terrorismo, el hambre, las persecuciones de género como el matrimonio forzado, la ablación genital y la persecución por la orientación e identidad sexual llevan a mujeres y niñas a emprender también un itinerario migratorio especialmente duro, que pasa más desapercibido porque, entre otras cosas, ellas no saltan la valla, sino que arriesgan su vida atravesando el mar en pateras y cayucos, a la vez que quedan a expensas de los traficantes y las or­ga­ni­za­cio­nes de tra­ta. El trayecto y la estancia en los campamentos se alarga en su caso porque los embarazos, de origen violento en su mayoría, y las criaturas que van con ellas, añaden dificultades al tránsito.

CEAR-Euskadi ha detectado un importante número de mujeres nigerianas con indicios de ser víctimas de trata con fines de explotación sexual. En 2016 fueron más de cuarenta. En un reciente informe sobre el tema se apunta que Euskadi se ha convertido en un centro de distribución de mujeres nigerianas a otros puntos de la Península y probablemente de Europa, y alertan del nivel de amenaza que supone para ellas y sus familias salir de la red.

Hasta 2016 el Gobierno español denegaba sistemáticamente el derecho de protección internacional a las personas víctimas de trata con fines de explotación sexual. En el último cuatrimestre del pasado año, ha dado protección a diecinueve mujeres de las que trece, originarias de África, habían recibido asistencia legal de CEAR. Son muy pocas las mujeres que acceden al procedimiento de protección internacional. La falta de reglamento de la Ley de Asilo de 2009, que debía estar elaborado desde 2010, deja en situación de especial vulnerabilidad a las víctimas de trata con fines de explotación sexual y otras violencias de género, que no se citaban en la legislación anterior. Ello supone un riesgo de que las mujeres sean devueltas a sus países de origen y se las vuelva a tratar y a victimizar, especialmente en los puestos fronterizos, en los CETI y en los CIE, como afirman Raquel Celis y Verónica Álvarez de CEAR.

La explotación laboral como trabajadoras domésticas es la otra estampa de las mujeres en la frontera sur, junto con la de las porteadoras, que acarrean bultos de sesenta kilos que cargan sobre sus espaldas en condiciones degradantes, peligrosas y expuestas a un trato vejatorio por parte de la Policía. Son mujeres magrebíes quienes realizan mayoritariamente lo que se denomina “comercio atípico”, un eufemismo utilizado para designar la actividad comercial entre fronteras, que supone una base importante de la economía y los depósitos bancarios.

Las tanatopolíticas migratorias solo son posibles cuando existe un suelo social que lo sustenta. Por ello requiere levantar, a la par que fronteras físicas, lo que Aguilar y Buraschi denominan “fronteras morales”, esas fronteras que excluyen de nuestro espacio moral determinadas categorías de personas para que toleremos hechos que en nuestro espacio moral no aceptaríamos.

Por ello, es una responsabilidad de las personas y el movimiento ciudadano deconstruir la frontera de la indiferencia y del desprecio, saltar la barrera de la pantalla del televisor y construir un nuevo relato de las causas que fuerzan a las personas a desplazarse entre fronteras.

El encuentro en Gernika, con motivo del octogésimo aniversario del bombardeo, ha contribuido a ello y a crear espacios comunes, del mismo modo que la caravana Abriendo Fronteras, una iniciativa que se gestó el año pasado desde las plataformas de apoyo a personas migrantes y refugiadas. Muchas organizaciones de la Península se sumaron a la primera caravana a Grecia para trasladar un mensaje de solidaridad hacia las personas que todavía hoy se encuentran varadas en unas condiciones pésimas y para denunciar las violaciones de los derechos humanos y también las políticas europeas. El 14 de julio la caravana Abriendo Fronteras vuelve a poner a cero el contador de kilómetros para recorrer los que distan hasta Melilla y convertir en solidaridad y denuncia activa los puntos de la vergüenza en su recorrido. Por esta muestra de dignidad compartida, porque el sur también existe, estaremos cuantas más personas mejor, para llevar toda la paleta de colores posibles. http://abriendofronteras.net

 

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