Dignas, diversas, insumisas, juntas

FOTO: Disopress

 

TEXTO: Plaza de los Pueblos

El lema de la manifestación feminista convocada para el 8 de marzo de 2016 tiene toda la fuerza de las mujeres que no se rinden a vivir bajo las asfixiantes categorías de la sociedad patriarcal ni se quieren rendir a una realidad en la cual la violencia machista no provoca un total y redondo rechazo por parte de la supuesta sociedad civil. En lo que va de año, ya contamos once compañeras menos entre nosotras, todas asesinadas por sus parejas o ex parejas: el monstruo, en la totalidad de los casos, tenía rostro familiar. Existe una parte muy amplia de personas que acuden a la categoría del “enfermo mental” para explicar (¿exculpar?) los casos de violencia machista, molestándose cuando utilizamos una categoría específica que nada tiene que ver con la violencia genérica. Evidentemente no se trata de enfermedad mental, sino de una concepción de la vida en la cual la “otra mitad del cielo” esté sometida y sin oportunidades de cambiar su vida.

La violencia machista mata todos los días, y esto se hace posible por la misma organización patriarcal y sexista del sistema neoliberal en el que vivimos: acentúa las desigualdades entre los sexos, favorece la dependencia económica de unas frente a otros y promueve la exposición para la venta de los cuerpos femeninos por doquier. De esta mezcla explosiva resultan unas pautas que van repitiéndose a lo largo de las vidas, de generación en generación, mientras la temprana diferencia educativa entre niñas y niños prepara el terreno para la futura e ineluctable discriminación de género que termina reproponiendo los mismos modelos patriarcales.

En esta distopía, las víctimas son las que acarrean con las consecuencias de la violencia machista y, por si fuera poco, con la culpa, si consiguen sobrevivir, o con la odiosa compasión, si fallecen.

 

¡Nos queremos vivas!

Estamos cansadas de leer en los periódicos, día tras día, la cifra de la barbarie. Deseamos una sociedad diversa, incluyente e igualitaria que desde las asambleas ciudadanas trabaje de forma conjunta para alcanzar este objetivo.

Por un lado hay que intensificar la lucha y la insumisión de los movimientos feministas, ya que frente a todo esto no solo es deseable, sino ineludible. Con palabras de Simone de Beauvoir: “El esclavo que obedece, escoge obedecer”, y desde luego aquí y ahora se pretende desobedecer.

Por otro lado, hay que promover el cambio de las ya mencionadas políticas públicas. Se habla de violencia de género, pero en realidad se tendría que hablar de violencias de género, ya que existen distintos tipos, desde el abuso sexual hasta el acoso sexual en el trabajo. A este propósito, la profesora de Derecho Constitucional de la Universidad de Alicante, María Concepción Torres Díaz, habló acerca de las patentes carencias y de la falta de enfoque de género que sufren el sistema legislativo y el mismo Código Penal español. Existen, afirmaba, una serie de cuestiones que, lejos de ayudar a las víctimas, durante el proceso judicial por ejemplo, las perjudican de distintas maneras. Así, sucede que siempre son las víctimas las que tienen la responsabilidad de actuar de una manera u otra durante el proceso, desde la oportunidad de no declarar contra el agresor (art. 416 del Código Penal), hasta la conciencia de tener como única prueba de cargo la propia palabra contra la palabra del agresor.

Desde la asamblea de la Plaza de los Pueblos decimos “no” al estado de cosas existentes. Queremos expresar nuestro rechazo a una sociedad machista, insolidaria e individualista, promoviendo desde nuestras filas la participación en la manifestación del 8 de marzo con ilusión, alegría y compromiso, que no se agotan con esta participación, sino que seguirán estando al lado de las mujeres dignas, diversas, insumisas y juntas.

 

 

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