Davos, gobernando desde la montaña mágica

Marta Luengo.

Un pequeño pueblo aislado en los Alpes suizos sirvió a la vez para que Thomas Mann escribiese su Montaña Mágica y para que el empresario Klaus Schwab estableciera el que ha resultado ser el más importante foro económico internacional. Hablamos de Davos, ciudad que se llena todos los eneros de limusinas y Policía por igual. Este mes pasado se ha celebrado su edición número 45.

Los siniestros antecedentes del Foro de Davos se remontan a 1947, cuando el economista conservador F. von Hayek creó la Sociedad Mont Pelerin para difundir las ideas liberales ante el peligro “en la expansión del Gobierno, el Estado de Bienestar o los sindicatos” (palabras de su actual página web). Esta sociedad, que sigue reuniéndose en la actualidad, ha sido el origen de una enorme red de think tanks, los llamados “comités de expertos”, que se dedican a intentar influir en Gobiernos y opinión pública. Estos grupos han preparado el soporte ideológico detrás del orquestado giro neoliberal de Reagan, Thatcher y Pinochet.

Volviendo a Davos, la ciudad era famosa a finales del siglo XIX y principios del XX por sus sanatorios para (ricos) tuberculosos. Pero fue a partir de 1971 con la fundación del Foro Económico cuando su fama se hizo mundial. El secreto de Davos ha sido camuflar la narrativa liberal anti Estado y anti derechos sociales en un discurso aparentemente moderado, edulcorado con filantropía humanitaria, progreso social, preocupaciones medioambientales, etc.

Pero ¿qué se hace exactamente en Davos? Fundamentalmente dos cosas: negocios y política. La idea es que ambas cosas se hagan lo más revueltamente posible. Infinidad de coloquios con los gobernantes y personas de poder de todo el mundo, miles de reuniones y suntuosas fiestas son los eventos de este congreso. Los invitados pagan una contribución que va de los 70.000 a los 567.000 dólares aproximadamente. Como es de suponer, las diferentes tarifas dan acceso a unos eventos u otros; el estatus es una cuestión fundamental en Davos.

A las personas que asisten a este foro se las denomina “líderes mundiales”, este año han acudido unos 2.500. Los temas tratados han sido numerosos: el clima, el crecimiento, el liderazgo femenino, China, la falta de empleo, la cuarta revolución industrial (la de la inteligencia artificial), etc. Todos los temas se enfocan de tal manera que las corporaciones transnacionales puedan tener algo que decir, a ser posible la última palabra.

Esa es la máxima pretensión de Davos (que ha realizado sobradamente): una nueva reordenación del poder en las relaciones internacionales, donde el interés empresarial lleve la voz cantante, ya que se entiende que es símbolo de progreso, técnico y social. Es lo que han llamado “un nuevo tipo de gobernanza”, la gobernanza de los múltiples grupos de interés (conocida en inglés como multi-stakeholder governance). En palabras menos crípticas, este nuevo tipo de relaciones internacionales supone abordar los problemas dando voz a todas las partes implicadas, pero al margen de criterios democráticos. Es el origen de las colaboraciones público-privadas tan de moda en las Administraciones Públicas. Un nuevo modelo impuesto desde foros como éste por los actores más poderosos del momento, las empresas transnacionales.

Podría parecer que lo que hablan esos hombres y alguna mujer con traje reunidos en los Alpes no nos afecta y, sin embargo, han moldeado ya la forma de afrontar los problemas de la sociedad. El beneficio económico siempre es una dimensión a tener en cuenta, ¿no lo habían notado? Todas las instituciones desde la OCDE hasta las Naciones Unidas siguen este modelo de gobernanza. Es por ello que, en cualquier cumbre, las corporaciones tienen un asiento reservado, igual se trate del SIDA, la malaria, el precio del trigo o el clima.

Este enfoque de las relaciones internacionales adolece de muchos problemas, entre ellos destaca su falta de asignación de cualquier responsabilidad, puesto que se dan al margen del derecho internacional y no necesitan la aprobación de ningún Gobierno o institución. Nos gobiernan decisiones tomadas en pos del rendimiento económico, cuyas consecuencias negativas nadie asume.

Desde un refugio de alta montaña, en un ambiente enrarecido, el rey de los foros ejerce sutilmente su labor de conformar pensamiento económico y político. Nuestra tarea es elaborar el modelo alternativo.

 

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