Cumbre del Clima 2016: Otra pelota hacia delante de las Élites

el roto

Marta Luengo

La Cumbre del Clima de este año (del 7 al 18 de noviembre) comenzaba con cierto optimismo que, sin embargo, poco a poco fue desvaneciéndose. Justo antes del inicio de la cumbre se había conseguido que un número suficiente de países (en concreto, 55 países que sumaran el 55% de las emisiones globales) ratificaran el acuerdo y, de esta manera, entrara en vigor. No había que perder de vista, por otro lado, la insuficiencia de aquel pacto que ya comentamos en estas páginas hace un año: París habían sido palabras bonitas y brindis al sol, faltaban las medidas concretas en la lucha contra el cambio climático. La cumbre de este año estaba llamada a fijar dichas medidas.

Sin embargo, los resultados de la Convención de las Partes de este año (COP22) han sido muy escasos y no se han dado pasos sustanciales más allá de renovar los compromisos y las promesas. Una de las consecuencias de que no se hayan establecido medidas vinculantes es el temor que desató la elección del, hasta ahora al menos, negacionista Donald Trump. Como presidente de los EE UU, éste puede dirigir la política climática de la superpotencia por cualquier derrotero, nada se lo impide.

Otro elemento aplazado fue la financiación del Fondo Verde destinado a ayudar a países sin recursos suficientes para afrontar las consecuencias del cambio climático (que no han provocado ellos). El retraso es más que notorio, puesto que la creación data de 2010 y, además, la cantidad establecida no es tan grande (100.000 millones de doláres), sobre todo si tenemos en cuenta que los financiantes son todas las mayores potencias globales y que, como señalan Amigos de la Tierra, solo “el G7 junto a Australia, ofrecen subsidios 20 veces mayores a empresas de energía sucia que los que ofrecen al Fondo Verde”.

Pasa algo parecido con el otro fondo previsto en París, el dedicado a reparar las pérdidas y daños ya producidos en muchos países, sobre todo en los pequeños estados isleños. Tal fondo se ha empezado a diseñar de acuerdo con el llamado “Mecanismo de Varsovia”, y corre serio riesgo de convertirse en un mero producto financiero en manos del Banco Mundial. Ya se sabe que éstas son las soluciones preferidas por los organismos internacionales que confían en soluciones “de mercado” para solucionar el cambio climático sin hablar en absoluto de la industria fósil o la cárnica, responsables de la mayoría de las emisiones.

Pero ya estamos muy cerca de llegar al límite establecido en París: las temperaturas de 2015 se situaron ya un grado centígrado por encima de la era preindustrial, según la Organización Meteorológica Mundial. El “objetivo París” fue limitar el aumento de las temperaturas en 1,5 grados, por lo que ya casi no hay margen de maniobra, y, como estamos señalando aquí, aún no hemos empezado a activar medidas de calado. 2016 lleva camino de mantener la tendencia del caluroso 2015. Sin embargo, los líderes reunidos en Marrakech consideraron que podía aplazarse el diseño de herramientas para detener el ascenso de las temperaturas a las próximas COP23 y 24 (en Bonn y Polonia, respectivamente).

Este tipo de encuentros internacionales acaban siendo reuniones de las élites con una presencia aplastante de empresas transnacionales, de aquí el escepticismo y la desconfianza que generan en muchos. No obstante, la lucha contra el cambio climático no puede ser sino una acción internacional que requiere la coordinación del mayor número de actores, también Gobiernos, por lo que la presión social es prácticamente un deber para la sociedad civil, que camina más rápido y a nivel más humano que las instituciones internacionales.

 

Comparte!