Cuando el cuarto poder es ‘de segunda’

Sr.Plastiko – plastikart.blogspot.com

Texto: DAVID BOLLERO

El alumbramiento de la expresión “cuarto poder” para referirse a la prensa suele atribuirse a un escritor y filósofo irlandés, Edmund Burke, en los albores de la Revolución Francesa. Este conservador quería ilustrar así el peso político que podía llegar a jugar la prensa en la sociedad.

Con el paso de los años, algunos han querido ver en el periodismo una suerte de medida correctora a la embestida de la oligarquía y, por lo general, todos entonamos el mantra de que sin prensa no hay democracia. Sin embargo, ¿es esto necesariamente cierto? O, dicho de otro modo: la existencia de la prensa, ¿de veras garantiza que hay democracia?
Especialmente en el segundo de los casos, la respuesta es no. La nomenclatura “cuarto poder” sugiere que se distingue de los otros tres, pero como les sucede al ejecutivo, legislativo y judicial, sus fronteras se han desdibujado tanto que ese cordón sanitario, tan necesario para cumplir con su verdadero papel, se ha convertido en un coladero.

Así es como llega la manipulación, que en los últimos tiempos se ha evidenciado de un modo más claro, con mayor desfachatez si cabe de lo que ya lo hacía en el pasado, ya sea en forma de titiritero o de piquete en una huelga. Las redes sociales y su efecto amplificador han tenido mucho que ver en ello, tanto a la hora de gestar la misma manipulación como en lo que se refiere a que muchos se la traguen sin apenas pestañear, a velocidad de retuit.

De esta manera, vemos cómo se fabrican en las cadenas de producción mediática polémicas artificiales con el único propósito de atacar a determinadas fuerzas políticas o de tender espesas cortinas de humo para desviar la atención de asuntos realmente noticiosos. No solo eso, sino que de manera muy especial en la televisión, que sigue siendo el medio de comunicación más masivo, los informativos —ya sea en formato de telediario o de programas magazine— han caído en la política espectáculo, en el amarillismo más infumable que termina por poner el foco en meras anécdotas en lugar de incidir en los temas de calado real en una democracia. Una circunstancia, además, que es bien aprovechada y arrojada como carnaza a las fauces de unos tertulianos voraces, que en muchos casos, en lugar de dar un paso atrás y poner orden periodístico, sirven a los intereses de esa clara subjetividad informativa que, a fin de cuentas, es la que les firma los cheques.

Manipulación multicolor

En ocasiones y especialmente cuando uno repasa documentos como el Informe 2015 del Consejo de Informativos de RTVE, en el que se detallan pormenorizadamente todos los casos de manipulación en el ente público, uno cree que este atentado contra el periodismo y, por ende, contra la democracia, es solo cosa de la derecha, del segmento más conservador en su afán por cortar las alas a las libertades civiles.

Evidentemente, eso es caer en un error mayúsculo, puesto que la manipulación en el periodismo no entiende de colores políticos y se puede detectar tanto a un lado como al otro. No podemos olvidar que manipular, cuando nos referimos al hecho informativo, es tanto mostrar un único lado de la noticia como dejar de informar de determinados asuntos. Esto también es manipulación, y negarlo sería absurdo.

El mensaje que subyace tras esta columna no pretende ser desesperanzador, más bien al contrario, porque, de manera paralela a este repunte de manipulación informativa, estamos asistiendo al nacimiento de múltiples iniciativas de periodismo alternativo/independiente que aparecen como antídoto a los ya existentes.

En todo caso, la sombra de los intereses particulares, tanto políticos como económicos, siempre está ahí, acechando, y nuestro papel como consumidores de noticias en particular y como ciudadanos en general es detectarla y aplicar una segunda vacuna: no caer en la afiliación a un único medio de comunicación.

Lean, comparen y contrasten distintas fuentes; nunca antes como ahora esto era posible y, en ese crisol de informaciones, posiblemente encuentren la versión más aproximada a la realidad, y entonces ustedes mismos conseguirán que el cuarto poder no sea “de segunda”.

 

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