Cristalizan las estrategias de gentrificación que amenazan nuestros barrios

Asamblea popular de Lavapiés.

Según Idealista, Lavapiés es el barrio de moda en Madrid. Muchas revistas de tendencias lo proclaman el nuevo Malasaña. Sus precios más bajos en los alquileres, la conjunción de lo castizo, lo multicultural y lo alternativo, atraen cada día a nuevos pobladores que en los comentarios de las revistas discuten entre sí la posibilidad de mudarse o no al barrio de moda. Mientras algunos ya lo han hecho, otros lo consideran de pobres. El debate ha comenzado. Sin embargo, Lavapiés está de moda desde hace tiempo, al menos para especuladores e inmobiliarias que llevan años negociando con el suelo y frotándose las manos ante un barrio a “revitalizar”. Las diferentes fases de “pacificación” y colonización desde diversos frentes han generado el caldo de cultivo perfecto para que el debate pueda comenzar: ¿Vivir en Malasaña o Lavapiés?

El solar de la calle Valencia, frente a la plaza de Lavapiés, es un claro ejemplo de estos procesos de gentrificación. Bajo la excusa de la rehabilitación, a finales de los noventa se declararon en ruina muchos de los inmuebles del barrio, lo que sirvió para expulsar a las vecinas que aún poseían contratos de renta antigua. Éste fue el caso del solar, antiguamente un edificio que se acabó deteriorando ante la impasibilidad de su propietario. La Comunidad de Madrid se interesó entonces por el espacio para reconstruir en él y realojar a otras vecinas, llegando a un acuerdo con el propietario. Sin embargo, tras una rocambolesca historia de disputas y pleitos, el edificio acabó siendo demolido, pero no reconstruido, el solar medio abandonado, y la titularidad tuvo que ser devuelta a su propietario original. A través de una iniciativa supuestamente bienintencionada, lo que se consiguió fue la expulsión de las vecinas, la extinción de las rentas antiguas y que el solar siguiera siendo de propiedad privada, pero ahora disponible para suculentos negocios. Y, en este caso, el negocio es un hotel low cost, en palabras de la empresa extranjera que finalmente ha comprado elterreno. En el solar de la calle Valencia se cristalizan así las estrategias de gentrificación que amenazan nuestros barrios: la expulsión de los vecinos poco rentables y la implantación de negocios que redefi nen el barrio como un lugar de ocio y consumo para que los hipsters de Malasaña puedan mudarse a Lavapiés.

¿Cuáles son los efectos de un hotel? El aumento del turismo no trae las bondades que se le atribuyen (trabajo, dinero, seguridad…). Todo lo contrario. Un hotel es una agresión por muchos motivos. Para empezar, supone un aumento de los precios que se adaptan ahora al mayor poder adquisitivo de los turistas. Esto provoca que muchos vecinos abandonen el barrio en busca de lugares más baratos, cuando no se produce directamente por la expulsión o el encierro a través de redadas racistas, desalojos o desahucios. Desaparece el comercio tradicional: la mercería daría paso a una tienda de souvenirs y el bar de la esquina a un McDonald’s.

Un hotel es una forma de colonización, ya que precariza el empleo, entrega los beneficios a las empresas extranjeras que son propietarias y hace que el barrio se vuelva dependiente de ellas. Por otro lado, obliga a enfatizar una estética exótica y multicultural
para atraer al turismo, haciendo de Lavapiés un simulacro como reflejo vacío y superficial de sí mismo. Mientras, irían debilitándose las formas de vida que le han dado origen, promoviendo el individualismo y facilitando la represión. Desaparecen así las relaciones de buena vecindad, solidaridad y apoyo mutuo, y se impone la vigilancia para garantizar la seguridad de los turistas.

La construcción de un hotel en nuestro barrio es un problema que nos atañe a todos. Las posibilidades del solar son múltiples, como ya vimos en Solar-Piés, y las consecuencias de un hotel nefastas. Es la pieza perfecta para desarticular el barrio en una de sus zonas más estratégicas, la plaza, y con un agente tan invasivo y colonizador como un hotel. Ante la impasibilidad del Ayuntamiento nos toca a nosotros actuar. Sería muy sencillo pensar que es una lucha perdida. Sin embargo, nosotros estamos convencidos de que es la batalla a librar.

Desde la Asamblea Popular de Lavapiés os invitamos a una jornada de reflexión conjunta en el CS(r)OA La Quimera de
Lavapiés, el 17 de febrero a las
20:00.

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