Contrainformativos impresos, una herramienta insustituible

Roberto Blanco Tomás. 

Hay que ver, cuatro años ya de Madrid15M… No voy a decir que parece que fue ayer, pues de hecho al que esto suscribe le da la sensación de que hubiera pasado un siglo, tantas han sido las cosas que han ocurrido desde entonces. Tantas luchas, tanta represión, tantos proyectos que se han llevado a la práctica… Y en lo que respecta a este rotativo, desde luego no deja de sorprenderme (e imagino no ser el único) que aquel proyecto, que en su momento parecía complicado (factible, pero complicado), siga siendo una realidad e incluso continúe gozando de salud.

Y si en ello hay algún mérito (que creo que sí lo hay, y bastante), prácticamente todo él corresponde a las asambleas del 15M madrileño, que desde el principio han apostado fuerte por este proyecto, han dotado de efectivos a este grupo de trabajo, han financiado la impresión del periódico y se han encargado de recogerlo, distribuirlo y darlo a conocer. Digámoslo bien alto: estas asambleas, a las que desde el poder y su conglomerado mediático han dado por muertas tantas veces (confundiendo sus deseos con la realidad), además de mantener a día de hoy un extenso repertorio de proyectos y luchas que bastarían para acallar tales rebuznos, continúan editando y difundiendo un periódico impreso mensual que da cuenta de sus actividades y aplica el altavoz a realidades que ese mismo poder pretende mantener en la invisibilidad, demostrando de paso que la autogestión y la horizontalidad funcionan también en un proyecto tan complejo como el que nos ocupa. Si eso no es una buena muestra de lo vivo que sigue este movimiento, que venga George Lucas y lo filme.

Pero la intención de estas líneas no es el autobombo, así que, hecha ya la (auto)obligada mención a la efeméride que este mes celebramos, vayamos al tema central del texto, que viene al pelo: recordar, especialmente este mes, la importancia de que sigamos contando con medios contrainformativos. Digo “especialmente este mes” porque os supongo al corriente de lo acontecido con el affaire “Titiriteros Desde Abajo”, sin duda lo más comentado durante el fin de semana en que escribo este artículo. Y en dicho asunto, una de las cosas que más me llama la atención (aparte de que unos padres llamen a la Policía porque no les gusta el espectáculo al que han llevado a sus retoños; así es la sociedad en la que vivimos… Da escalofríos) es la unánime versión de los hechos que se ha ofrecido en todos los medios comerciales que he podido consultar, sin ofrecer en ningún momento el punto de vista de los acusados, tergiversando y criminalizando todo, lo que resulta en una suerte de legitimación de facto al castigo y encarcelamiento de las opiniones disidentes.

Afortunadamente, contamos con medios contrainformativos, con los que he podido hacerme una visión de conjunto más amplia y acceder a todos los elementos que me faltaban al leer la crónica de los hechos en la prensa convencional. Y es que la situación es complicada: se supone que vivimos en un Estado que en teoría garantiza derechos y libertades, eso es lo que nos cuentan, pero la represión existe. Si no hay otras voces que contrasten a la del pensamiento único que nos ofrecen los medios convencionales (“la democracia es el mejor sistema de los posibles, la Constitución es inmejorable y tocarla sacrilegio, la monarquía es un elemento imprescindible y sus titulares muy majetes, los que protestan son antisistema y mejor encerrarlos de forma preventiva, los ciudadanos participan con su voto y cualquier otra forma de hacerlo es terrorismo o poco menos…”), estaremos totalmente a merced del poder, que hará con nosotros lo que le dé la gana.

Y en esta reflexión, volviendo un poco a las características del periódico que estás leyendo, me parece necesario destacar la importancia de contar con medios contrainformativos impresos. Aparte de que el periódico, como objeto, da fe de forma física de la existencia de puntos de vista alternativos, y de que es algo tangible frente a la fugacidad de los contenidos en la red, es sobre todo un instrumento inmejorable para hacer llegar más lejos nuestras voces disidentes. Vivimos en una sociedad muy “moderna”: tenemos Facebook, Twitter, Whatsapp y qué sé yo cuántas redes sociales más, pero la brecha digital existe y es más grande de lo que parece. A día de hoy, muchísima más gente de la que imaginamos no tiene acceso a internet, bien porque no ha aprendido a manejarse en ella o directamente porque no se la puede permitir (recordemos que el mes pasado hablábamos de la “pobreza energética”). En estos casos, el medio impreso resulta herramienta insustituible para descubrir o confirmar que “otro mundo es posible”. Por ello, os animo a crear en vuestros ámbitos todos los que podáis, sean periódicos, revistas, fanzines o humildes “hojas volantes”, y tomando prestado el viejo lema del movimiento okupa, grito: “¡diez, cien, mil contrainformativos impresos!”.

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