Solo el pueblo salva al pueblo

Foto: Juan Carlos Mohr

Texto: Juan Carlos Mohr

Según la Organización Internacional para las Migraciones (OIM), más de 360 migrantes perdieron la vida y más de 62.000 migrantes entraron en Grecia en enero de 2016; en el mismo periodo del año anterior entraron 1.472 personas.

La situación empeora para los refugiados según pasa el tiempo, y la Unión Europea y los diferentes Gobiernos, en lugar de aplicar las medidas a las que se comprometieron, aprueban nuevas medidas de criminalización hacia ellos y hacia los voluntarios que los ayudan. Un claro ejemplo es lo que sucede en Dinamarca, donde el Parlamento ha aprobado la confiscación de bienes que superen los 1.340 euros, al igual que se está haciendo en Suiza y en algunos Estados alemanes. También en Suecia, donde quieren deportar a 60.000 personas; o en Finlandia y Austria, donde quieren expulsar al 60%; y a la vez se están poniendo vallas y creando centros de detención por todo el territorio europeo.

En lugar de facilitar corredores humanitarios con acceso legal y seguro para las y los refugiados, lo que hacen las instituciones europeas es reforzar las fronteras, convirtiendo países como Serbia, Macedonia o Grecia en “Estados tapón”, dificultando e impidiendo el libre tránsito del flujo migratorio de miles de refugiados.

Ante esta situación, la Comisión Europea, en lugar de respetar y hacer cumplir el Tratado de Schengen, advierte a Grecia por “estar incumpliendo gravemente sus obligaciones y que existen graves deficiencias en la realización de los controles en la frontera exterior” y manda una advertencia: o controlan sus fronteras o tendrán que poner controles fronterizos con sus vecinos del espacio Schengen. Si esto no se cumple en un plazo de tres meses podrán ser expulsados de este espacio.

Como consecuencia de esta presión, Grecia ha comenzado a endurecer y dificultar el paso de refugiados. El pasado mes de enero pude comprobar cómo la situación ha cambiado notablemente en la isla de Lesbos. Por un lado, el flujo de balsas ha disminuido con respecto al mes de octubre, última vez que estuve allí. Y por otro, el acoso y la detención hacia grupos de voluntarios que ayudan a los refugiados. Que lleguen menos balsas no es porque haya menos personas intentando pasar desde Turquía, es consecuencia de los 3.000 millones de euros que Europa dio a Erdogan para que éste controlase más su frontera y así dificultase más el tránsito a los refugiados. Esto ha derivado en que antes la mayoría intentaba entrar por el norte de la isla, donde hay menos distancia —nueve kilómetros—, y por tanto menos riesgo, pero al haber más control el número de balsas que entran por el sur, donde la distancia es de unos 21 kilómetros, ha aumentado, y la mayoría llegan por la noche ante el control policial, con el riesgo añadido que esto supone.

El 14 de enero, tres bomberos sevillanos pertenecientes al grupo de voluntarios de PROEM-AID y dos miembros del grupo de Team Humanity, de voluntarios daneses, fueron detenidos por los guardacostas griegos al ir a socorrer una balsa a la deriva. La tarde anterior ya se produjo un primer intento de arresto cuando, al ir a socorrer dos balsas con problemas, fueron retenidos junto a los refugiados y llevados al puerto de Mitilene. En el puerto se vivieron momentos de tensión por parte de la Policía, que se mostraba molesta por las cámaras de los fotógrafos que allí nos encontrábamos. No querían que se grabase nada de lo que estaban haciendo con este grupo de voluntarios. La Policía, de muy malas formas, retuvo a varios fotógrafos, borrando las tarjetas de sus cámaras, pero los voluntarios no fueron detenidos.

Foto: Juan Carlos Mohr

Esa noche el flujo de balsas fue constante, y sobre las tres de la mañana, al recibir un aviso de que una de ellas estaba en peligro, PROEM-AID y Team Humanity fueron a ayudar. No pudieron llegar, ya que fueron interceptados por la Guardia Costera griega y detenidos; además fueron tratados como delincuentes y metidos en un calabozo en malas condiciones durante tres días. Les acusan de un delito de tráfico ilegal de personas, teniendo que pagar 15.000 euros por si tuvieran que volver a ser requeridos.

Estos arrestos se produjeron un día después de que otro español, identificado por las autoridades griegas como integrante de organizaciones de “extrema izquierda”, fuera también detenido y acusado de espionaje por sacar una foto en el puerto de Quíos.

Estas detenciones no son producto de la casualidad, forman parte de las decisiones de Bruselas al dar órdenes de endurecer las acciones en las fronteras de la UE. Días antes de estas detenciones la prensa local se hacía eco de cómo la agencia europea de control de fronteras (Frontex) estaría ejerciendo presión sobre las autoridades griegas para que controlen las actividades de los voluntarios que están ayudando en la isla y para que creen un protocolo de actuación donde los voluntarios solo podrían ayudar a petición de los guardacostas. Lo que pretende la UE es fortalecer Frontex y así tener un mayor control, con más detenciones y más represión.

Estas medidas han comenzado a aplicarse en la isla, y grupos de voluntarios que daban comida se quejan del control y de cómo por “medidas sanitarias” se les prohíbe cocinar si no tienen licencia para ello. Y esto parece solo el principio, ya que el Consejo de Ministros de la Unión Europea estaría preparando una nueva normativa que, de resultar aprobada, obligaría no solo a ONG, sino a cualquier voluntario que decida ir por su cuenta, a registrarse antes de prestar ayuda a los refugiados. Normativa que podría criminalizar la asistencia humanitaria a los refugiados de cualquier persona que vaya a título personal.

No solo para las autoridades y para la Policía los grupos pequeños de voluntarios son molestos: alguna de las grandes ONG que se llevan gran parte del pastel de ayudas económicas no parecen sentirse muy cómodas con la presencia de estos grupos. Estar prestando ayuda humanitaria y a la vez actuar como meros funcionarios debe removerles la conciencia al ver cómo simples ciudadanos hacen la labor que ellos deberían estar haciendo. Sus infraestructuras son muy buenas, con sus tiendas y sus logos bien grandes para que se vean y salgan bien en las fotos. Pero hace falta algo más para ayudar, que es lo que sí tienen todos estos pequeños grupos; y no quiero meter en el mismo saco a todos los que trabajan en las grandes ONG, ya que en todas hay gente competente. Pero no se puede estar ayudando con horarios de comida donde si está lloviendo y me piden una manta no puedo dársela mientras yo esté comiendo.

Quiero agradecer a todos los pequeños grupos de voluntarios y a las personas que están ayudando dedicando su tiempo a evitar que mueran y que su trayecto sea menos dramático, ya que sin ellos el drama sería peor de lo que es.

Solo el pueblo salva al pueblo.

Gracias.

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